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FEB 2018
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Un cordero que rinde: carne y lana para aquí y para allá

La premisa en los últimos años en el sector es agregar valor y diversificar los negocios. Y cada vez hay más casos que se suman a esta valiosa iniciativa. Uno de estos se da en el paraje Macedo, en el partido de General Madariaga, Buenos Aires, en la cual Miguel Guglielmetti integra tres actividades en su establecimiento llamado “San Bernardo” de 423 hectáreas. Allí, realiza una producción intensiva de ovinos comercializando la carne bajo la marca “Los mamones de San Bernardo” en la zona costera y exporta la lana a la Unión Europea. Asimismo, en las lomas hace una rotación de maíz, trigo, girasol y soja de primera y de segunda, y cuando el clima lo permite, engorda terneros para luego comercializarlos.

Un cordero que rinde: carne y lana para aquí y para allá

En General Madariaga, Buenos Aires, Miguel Guglielmetti produce corderos para la zona costera y exporta la lana certificada a la Unión Europea. Y agrega agricultura y ganadería.

La premisa en los últimos años en el sector es agregar valor y diversificar los negocios. Y cada vez hay más casos que se suman a esta valiosa iniciativa.

Uno de estos se da en el paraje Macedo, en el partido de General Madariaga, Buenos Aires, en la cual Miguel Guglielmetti integra tres actividades en su establecimiento llamado “San Bernardo” de 423 hectáreas.

Allí, realiza una producción intensiva de ovinos comercializando la carne bajo la marca “Los mamones de San Bernardo” en la zona costera y exporta la lana a la Unión Europea. Asimismo, en las lomas hace una rotación de maíz, trigo, girasol y soja de primera y de segunda, y cuando el clima lo permite, engorda terneros para luego comercializarlos.

Para contextualizar, este campo se divide en un 33% de loma agrícola, 33% de tendidos ganaderos y 33% de lagunas y cañadones.

La principal actividad para Miguel es la producción ovina. Hace doce años que comenzó con gran pasión. El médico veterinario tiene 2.400 madres (400 son borregas de dos y cuatro dientes que entran por primera vez en servicio) de la raza Corriedale (cruza entre Merino y Lincoln) y produce en total alrededor de 2.000 a 2.400 corderos por año.

En los últimos tres años tuvieron muchos excesos hídricos en otoño-primavera, coincidiendo cuando están las pariciones, lo que causó mucha mortandad de animales.

El manejo es lo que lo distingue al productor del resto. Es un sistema intensificado rotando a base de verdeos de verano y de invierno, agregando suplementación.

Hacen dos servicios durante el año. Uno es en primavera y el otro, en otoño, para vender corderos todo el año.

Una de las particularidades del productor es que logran un gran porcentaje de mellizos por la selección natural que han hecho en el transcurso de todos estos años. “El equinoccio de otoño (marzo-abril) es más fértil que el de primavera. En esta primera fecha tenemos un 65% de mellizos, trillizos y a veces, hasta cuatrillizos” .

Generalmente, el productor deja las hijas de las madres que paren mellizos y esa carga genética ha quedado en la majada.

Los animales que nacen se envían junto con la madre (por esto viene el nombre de los mamones) a parcelas de pasturas preparadas (alfalfa, avena y raygrass) y luego se destetan. Y le agregan los silos de autoconsumo para eficientizar la conversión agregándole a la carne una buena palatabilidad y terneza y un mejor gusto.

Una de las patas que falta aceitar aún más es la comercialización, según describió Miguel. Envían a faenar a un frigorífico de Ayacucho, a 130 kilómetros de General Madariaga. “El gran problema de la zona es que no haya una planta faenadora porque el tránsito se puede usar solo 24 horas”.

Según narró Miguel, tuvieron la oportunidad de hacer una planta faenadora años atrás pero vinieron tiempos difíciles para el sector y el proyecto quedó sin efecto.

En este sentido, el gran desafío para el productor y para todos los que producen cordero en Buenos Aires, es poder comercializar el animal por corte para ingresar a la góndola de los supermercados, como los otros cortes de carne, porque “el consumidor no compra un animal entero”, aclaró.

La cantidad de kilos con que faenan a los corderos depende de la necesidad de los clientes. “Hay algunos que buscan la carcasa de 12 kilos y otros, de 18 a 20 kilos. Ahora, estamos obteniendo corderos más pesados para que le rinda más al cliente”, describió. Además, venden un cordero premium deshuesado para comercializarlo directamente a las gastronomías, agregándole mayor valor al animal.

La mayoría de la producción abastece la zona costera cercana a General Madariaga, como es Pinamar, Cariló, Villa Gesell, Mar de las Pampas, aprovechando el verano turístico para incrementar las ventas.

Pero Miguel no solo le saca el jugo a la carne ovina. Sino que también exporta la lana de las ovejas a la Unión Europea principalmente.

Obtienen 13.000 kilos de lana de las madres y el año anterior se pagó U$S 1,25 por kilo. “Este año esperamos que llegue a 2 dólares”.

Y desde junio del año pasado cuentan con la certificación internacional de la Organizacion Internacional Agropecuaria (OIA) convirtiéndose en el primer establecimiento en lograrlo en Buenos Aires, lo que le agrega un plus en la comercialización. “Hoy, el costo para exportar es muy alto en referencia a los demás países competidores”, se quejó.

La lana que produce Miguel es de 28 a 29 micrones, diferente a la de las ovejas patagónicas, que son más finas.

Otras dos actividades que explota Miguel en el establecimiento es la agricultura y la ganadería bovina.

En el primero de los casos, siembra en las lomas agrícolas que “tienen muy buena aptitud para obtener buenos rindes”. En total, rota con los 4 cultivos principales: maíz, soja, girasol y trigo y tiene su recompensa: 100 quintales por hectárea de maíz, 65 quintales de trigo, 35 quintales de girasol, 40 quintales de soja y 25 de soja de segunda. Nada mal.

Y en referencia a la actividad bovina, Miguel engorda terneros para luego comercializarlos gordos. Pero comentó que hace tres años que no puede hacerlo por los excesos hídricos que viene sufriendo la zona de General Madariaga.

Para Miguel, la producción de corderos es su pasión. Pero sabe que el futuro de este negocio depende de las ganas de las personas que lo acompañan en este momento porque según sus palabras, es complicado conseguir personal.

“A veces, no hay reemplazo en la empresa. A la gente le tiene que gustar esta actividad”.

Clarín – Esteban Fuentes



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