Así fue como se avanzó a paso firme y con una cobertura muy importante del rodeo argentino. En una primera etapa, con los productores más grandes, y luego en la colaboración de diferentes agentes del Senasa, el INTA y las provincias, en el estrato de pequeños productores.
Aquí me permito hacer un reconocimiento a los funcionarios y agentes del organismo técnico del Estado nacional referente a la sanidad animal en ese caso, por su esfuerzo, calidad técnica, y sobre todo para sobreponerse a los agoreros y/o detractores del Programa.
Y finalmente el productor ganadero, que cuando ve señales claras, seriedad profesional y objetivos claros, invierte, avanza y busca mejorar sus sistemas productivos.
El ganadero cuando logró precios adecuados por su vaca de refugo, rejuveneció rápidamente su rodeo, cambiando vacas adultas, muchas de ellas improductivas, por vaquillonas preñadas.
Luego entendió que el Programa de Brucelosis tenía seriedad y objetivos específicos, e hizo el esfuerzo en conjunto con sus veterinarios y sangró sus vacas, eliminando de su rodeo aquellas vacas problema. Además, en muchos casos aprovecharon para avanzar con la sanidad de los toros, consolidando programas sanitarios globales para sus establecimientos.
Queda claro entonces que cuando el Estado y el sector privado se encuentran en objetivos comunes, los resultados están a la vista. En el camino quedo mucha tela para cortar. Seguramente por estos días muchos querrán capitalizar este logro de la ganadería argentina. Pero queda claro que el resultado es fruto del trabajo mancomunado del Senasa, las Coprosas, algunos gobiernos provinciales, cámaras de entidades frigoríficas, muchas entidades y agrupaciones de productores, y sobre todo de los ganaderos que trabajaron para mejorar la sanidad de su rodeo, en pos de rejuvenecerlo, eliminando las vacas improductivas del mismo.
El autor es exvicepresidente del Senasa y productor agropecuario
Por Carlos Milicevic
LN Campo