La planta operará con tecnología de biorrefinación, que permite obtener combustibles idénticos a los fósiles, pero a partir de materias primas renovables, como aceites derivados de granos oleaginosos o residuos industriales: grasas animales, aceite reciclado usado, oleína, glicerina o ácidos grasos. El producto final podrá utilizarse al 100% en turbinas de avión, sin limitaciones técnicas.
La obra demandará unos tres años de construcción y empleará alrededor de mil personas en distintas etapas, para luego sostener entre 200 y 250 puestos de trabajo directos en la operación de la refinería, según el empresario. Además, su funcionamiento generará un efecto multiplicador en la cadena de proveedores, servicios, transporte y logística del sur de Santa Fe, donde ya existe una base industrial y agroindustrial sólida.
Pucciariello, en diálogo con Puesteros, en Radio San Genaro, detalló que el foco estará puesto en aprovechar los residuos que hoy produce la región: “Nos pusimos el escenario más difícil: esta planta está mirada cien por ciento a productos de desecho para Europa. Hoy Argentina exporta 450 mil toneladas de residuos a refinadoras europeas, y nosotros vamos a captar gran parte de ese volumen. El potencial de residuos en Argentina ronda los dos millones de toneladas, sobre todo cebos. Estamos en la cuenca con la mayor cantidad de frigoríficos y plantas de crushing del mundo, es como estar sentado sobre un pozo petrolero en Arabia Saudita”.
La ubicación en San Lorenzo es estratégica. Se encuentra en el corazón de un polo agroindustrial que concentra el mayor complejo portuario exportador de granos y subproductos del país, además de industrias aceiteras y frigoríficos que generan la materia prima para este tipo de combustibles. El proyecto también podría estimular la producción local de cultivos como carinata o camelina, que no compiten con la soja y que ofrecen mayor rendimiento de aceite por hectárea, reduciendo el impacto ambiental.
Pucciariello considera que el desarrollo posicionará a la provincia y al país en un mercado en crecimiento: “Argentina entra a las grandes ligas de elaboradores de biocombustibles, para dos mercados que todavía no han entrado y van a entrar en 2030: la aviación y la navegación”.
La planta tendrá como producción principal el SAF (combustible sostenible para aviación), con destino prioritario a los aeropuertos de San Pablo, Río de Janeiro y Buenos Aires, que conforman el principal triángulo aeronáutico del Cono Sur. También producirá gasoil sintético (HVO), un combustible de segunda aplicación para el sector naviero, especialmente demandado en puertos europeos.
Sobre el escenario que se abre para estos cultivos, el empresario cree: “Empieza a ser incipiente la producción de estos cultivos de cobertura. No compiten con la soja y tienen más aceite, lo que reduce el impacto en CO₂. También podría haber desarrollos en soja para aumentar la producción de aceite y mejorar su ecuación de carbono”.
Desde el punto de vista estratégico, el proyecto permitirá a Argentina posicionarse en dos mercados clave que en los próximos años deberán adoptar combustibles sostenibles: la aviación y la navegación. “Entra a las grandes ligas de elaboradores de biocombustibles. Esto nos permite evitar que el día de mañana la legislación europea o los mercados proteccionistas nos descuenten precio por emisiones de carbono en frontera”, subrayó.
Bichos de Campo – Diego Mañas