“Conocer los requerimientos de agua de los cultivos y los momentos críticos en los que el déficit hídrico tiene mayor impacto es clave para maximizar los rendimientos. La correcta planificación del riego en estas etapas asegura un crecimiento adecuado del cultivo”, explicó Gabriel Angella, especialista en riego y gestión del agua del INTA Santiago del Estero.
Como otro de los puntos centrales, desde el INTA remarcan que mejorar la eficiencia del riego no sólo es una necesidad productiva y ambiental, sino también lo es estratégica, ya que para la economía de Santiago del Estero podría tener un impacto de relevancia.
“Implementar tecnologías de nivelación, sistematización de lotes, control adecuado de caudales y una gestión más eficiente del recurso hídrico podría marcar la diferencia entre incrementar y sostener la rentabilidad o afrontar cuantiosas pérdidas económicas en cada campaña”, postularon.
Según explicaron, en la región las alfalfas de dos o tres años de implantación suelen tener entre seis y ocho cortes anuales.
Los intervalos son variables entre 25 y 40 días, dependiendo de las condiciones ambientales y productivas.
“Con un manejo eficiente del riego, se pueden alcanzar rendimientos promedios de 20 toneladas de materia seca por hectárea”, insistió Mónica Cornacchione, especialista en el cultivo de alfalfa del INTA Santiago del Estero.
“El futuro de la producción de alfalfa en el Área de Riego del Río Dulce depende en gran parte de una mejora en las prácticas de manejo del agua. Optimizar el riego no es una opción, es una condición indispensable para asegurar la sustentabilidad y competitividad del cultivo en la región”, concluyó Cornacchione.
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