En bioetanol, Brasil aumentó su porcentaje en la mezcla con gasolina del 22% al 27% con posibilidad de llegar al 35%, y lanzó programas nacionales para el desarrollo de biocombustibles y tecnologías de captura de carbono y la promoción de la movilidad sostenible y baja en carbono como alternativa complementaria y eficiente para la electromovilidad. Estos cortes mayores en Brasil muestran que ya tenemos parque automotor listo para adoptar estos cambios y una industria petrolera que se suma a estos proyectos en el vecino país.
En materia legislativa, hay dos proyectos en danza en el Congreso. Uno en el Senado y otro en la Cámara de Diputados, aunque estaría por aparecer una versión actualizada de proyecto desde el gobierno nacional. El proyecto en el Senado tiene condiciones óptimas para el bioetanol, pero castiga severamente la libre competencia en biodiesel y eso afecta a todos los eslabones de la cadena de valor, a las provincias como Santa Fe y al Estado Nacional en su capacidad recaudatoria y de generación de divisas. El proyecto del Poder Ejecutivo que aun no conocemos en detalle, promueve la libre competencia en biodiesel, aunque deja un plazo demasiado largo de segmentación del mercado hasta 2031 pero no incrementa el corte en biodiesel como hacen la mayoría de los 58 países que tienen regímenes de uso de bioenergías.
Santa Fe tiene el 85% de la capacidad instalada de biodiesel del país, es decir 2,2 millones de toneladas sobre 2,9 millones de toneladas, pero sólo el 10% de esa capacidad hoy puede comercializar biodiesel. En empleo y en recaudación la provincia se pierde el 90% del potencial que tendría con una nueva ley. Lo mismo el consumidor final del gasoil que no puede recibir un precio competitivo por las distorsiones y disparidades que genera la Ley del 2021.
Una Ley de biocombustibles que promueva la competencia libre en biodiesel, y respete el mercado de bioetanol de maíz y de caña de azúcar, genera beneficios para los productores agrícolas porque diversifica el riesgo comercial al tener una industria que tracciona más volumen, mejora las condiciones comerciales para maíz, soja y caña de azúcar, genera valor agregado en estas cadenas de valor y además introduce mejores resultados ambientales a reducir las emisiones de los productos finales.
A nivel mundial, casi el 25% de la producción mundial de aceite de soja se destina a biodiesel, mientras que en Argentina es menos del 7%. Particularmente en Brasil y en Estados Unidos ese porcentaje se eleva hasta el 50%, eso diversifica la matriz de demanda y mejora la ecuación económica para el productor y toda la cadena de valor. Finalmente, quiero compartirles que la propuesta de elevar al 15% el corte de biodiesel en Argentina, no tiene efectos inflacionarios dado que los estudios de la Bolsa de Cereales muestran un movimiento insignificante del 0,01% del Índice de Precios al consumidor del INDEC en dos años.
En definitiva, queremos una nueva Ley para que el biodiesel crezca, pero con todos adentro.
El autor es presidente de la Cámara Argentina de Biocombustibles (Cambio)
Clarín