En el acumulado entre enero y noviembre de 2025, la producción creció 10,2% respecto del año anterior. Ese desempeño permitió compensar las fuertes caídas de 2023 y 2024, años marcados por la sequía y la escasez forrajera. De sostenerse esta dinámica, el cierre de 2025 rondaría los 11.600 millones de litros, uno de los niveles más altos de la serie histórica y 3,6% por encima del promedio de los últimos cinco años.
¿Qué pasará con el precio de la leche en 2026?
A ese cuadro se sumaron nuevas tensiones comerciales. De acuerdo con un informe del Movimiento CREA, la combinación de sobreoferta, una demanda interna que apenas se recupera y un mercado externo con capacidad limitada de absorción está presionando los precios a la baja. Las existencias de productos lácteos se ubican 9,6% por encima de 2024, lo que incrementa la necesidad de liquidar stocks a valores poco competitivos.
El frente externo tampoco ofrece un alivio claro. La producción mundial de leche sigue en aumento, mientras que la demanda se mantiene débil en regiones clave como Asia y Medio Oriente, dos destinos donde la leche en polvo argentina tiene mucho por crecer. Ese escenario limita las posibilidades de colocar excedentes a precios que compensen los mayores volúmenes producidos a nivel local.
Las perspectivas hacia 2026 refuerzan este diagnóstico. El Movimiento CREA proyecta que la producción podría continuar creciendo, pero en un escenario de mayor concentración y una rentabilidad que permanecerá bajo presión. En este marco, el principal desafío es que el mercado interno y las exportaciones acompañen el crecimiento de la oferta para evitar que el exceso de inventarios derive en una mayor presión bajista sobre el precio de la leche al productor.
Más concentración de mercado
Sin embargo, el récord productivo no se tradujo en un negocio más saludable. Por el contrario, la mayor oferta convive con una estructura cada vez más concentrada y con menos actores. Según un informe de OCLA elaborado con datos del Senasa, la producción de leche en Argentina terminó 2025 con 9.013 tambos activos. La cifra implica una caída del 4,2% respecto de 2024, aun en un año de alta producción.
La salida de productores responde a una combinación de varios factores. Si bien durante buena parte de 2025 el poder de compra de la leche frente a los insumos fue relativamente favorable y permitió sostener la rentabilidad, ese alivio no alcanzó para revertir problemas estructurales.
El arrastre negativo de la sequía, que golpeó con fuerza a fines de 2024 y comienzos de 2025, aceleró el cierre de tambos más chicos, en especial aquellos dependientes del pasto y con menor espalda financiera para afrontar la compra de alimento.
Infobae