Pero más allá de los números y la planificación, hay una dimensión emocional que atraviesa la decisión. La ganadería es, para Colaneri, un regreso a las raíces. “Mi abuelo tenía vacas, mi padre también, y después de muchos años en agricultura, él volvió a la ganadería de grande y se recontra apasionó de nuevo”, cuenta. Su padre, con 83 años, sigue manejando su propio rodeo. “Eso también pesa: es vocacional y seguimos con la tradición familiar”.
Entre los sentimientos y los números fríos y a veces malos que dejaba la agricultura se decidió por el cambio.
Además, había otro factor clave: muchos lotes dentro de los establecimientos tenían aptitud mixta o directamente ganadera, y quedaban subutilizados en esquemas puramente agrícolas. “Calzaba bien tener ganadería en parte agrícola y usar esas partes que quedaban en desuso”, agrega.
El arranque fue gradual: “empezamos despacito con un rodeo chico, y siempre veíamos que el número era estable, a veces un poquito abajo, a veces un poquito arriba, pero estable”, recuerda. Con el tiempo, el esquema fue creciendo hasta llegar a manejar cinco campos con ganadería; hoy, tras una reestructuración, trabaja en tres, todos con contratos de alquiler de largo plazo, necesarios para amortizar inversiones en infraestructura y pasturas.
El planteo ganadero está fuertemente apoyado en la producción de forraje de alta calidad. La base es alfalfa, complementada con verdeos y rotaciones pensadas para integrarse con la agricultura. “Al tener pasturas de alta producción, te da mucho volumen de pasto”, explicó Collaneri.
Y cuando el clima acompaña, como ocurrió en la última campaña, el sistema muestra todo su potencial: “Fue un año muy bueno y nos dio un plus de forraje que no lo esperábamos”.
En cuanto al rodeo, trabaja con Angus, pero desde hace algunos años incorporó genética Limangus y Limousin buscando más rendimiento carnicero. “Busqué animales con más musculatura, más rendimiento al gancho y que permitan ir a pesos más altos sin engrasarse rápido”, detalla. Hoy, cerca del 80% de los toros que utiliza son Limangus.
La cría es el corazón del sistema, con índices productivos altos. “Trabajo con vacas siempre en muy buen estado, y logro porcentajes de preñez del 93 al 95%”, afirma. El objetivo es destetar pesado: “Trato de que el ternero esté entre un 50 y un 60% del peso de la madre, a los siete meses”. Con buena genética, pasto y manejo, los terneros alcanzan ganancias diarias cercanas o superiores al kilo.
El esquema actual combinar la cría, la recría y el engorde con granos. Una parte de los terneros más pesados va directo al feedlot para una terminación corta; otro tercio se vende para hacer caja y sostener la parte agrícola y el resto entra en recría a pasto, con la posibilidad de terminar más adelante a pesos de 450 a 500 kilos. “La estrategia es flexible y se va ajustando según el pasto y los precios”, explica.
Bichos de Campo – Nicolás Razzetti