Mientras la industria intentaba coordinar con la Secretaría de Agricultura para evitar un aluvión de envíos que sature la entrada y deprima los precios, la respuesta oficial que recibieron fue tajante: no habrá reparto estatal de cupos. Según aclaró una alta fuente oficial a LA NACION, el Gobierno propuso la administración local de la cuota, pero la República Popular China no lo aceptó. Esta decisión fue notificada a toda la cadena exportadora. Ahora esperan que el Consorcio ABC, cuyas empresas representan entre el 80% y el 90% de las exportaciones a China, se pueda poner de acuerdo internamente.
Vale recordar que en las exportaciones a Europa (Cuota Hilton) o a Estados Unidos, el Estado argentino emite un “Certificado de Cuota” por empresa, basado en su past performance (historial de exportación). Ese papel es la llave: si la carga llega a destino con el certificado, entra sin aranceles extra. Si no lo tiene, paga la penalidad. Es un sistema ordenado y previsible.
En cambio, con China, el escenario es radicalmente opuesto. “China no acepta manejar esos certificados”, explicó una fuente del sector. El gigante asiático operará con una “cuenta corriente” global sobre las 511.000 toneladas. A medida que la carne ingresa a sus puertos, se descuenta del total, sin importar qué empresa la envió ni qué arreglos internos haya en la Argentina.
Sin embargo, una vez que se alcanza el límite de las 511.000 toneladas, automáticamente se empieza a pagar un arancel completo, que sería del 55%. Las 511.000 toneladas irán, en tanto, con el actual 12,5% de aranceles.
El sistema que se empleará para la cuota es simple: “Primero llegado, primero servido”. Los frigoríficos de menor escala aclararon a este medio que el problema lo manifiestan las grandes industrias, porque a medida que se va cargando, se va bajando del cupo general.
Ante la imposibilidad técnica de que China controle el cupo por empresa, la única forma de ordenarlo sería que la Argentina limitara la salida desde origen, a través de una administración. Pero el Gobierno, como se dijo, no quiere intervenir en el mercado. “El Gobierno no quiere intervenir porque no quiere replicar los errores de los gobiernos pasados”, aseguró una fuente consultada. La filosofía libertaria choca con la regulación del comercio exterior, donde limitar el volumen por empresa se asemeja a los controles de gestiones anteriores, algo que el Ejecutivo busca evitar. El Estado les dijo que se limitará, a lo sumo, a informar el nivel de cumplimiento del cupo, pero no actuará de árbitro.
Con esto, el mercado de exportaciones hacia China pasaría a regirse por una carrera por entrar primero en la cuota, en la que los frigoríficos acelerarían faena y embarques contrarreloj para captar volumen antes de que se agote el cupo. "Esto va a generar una presión de compra de ganado, con subas y caídas bruscas de precios, algo que no conviene a nadie", advirtió la fuente.
Si todos los frigoríficos salen a embarcar masivamente en los primeros meses para asegurarse su porción de la torta, se generará una burbuja de demanda en el mercado de hacienda de Cañuelas, según anticiparon.
“Si hay saturación de oferta, lo más probable es que el precio baje. Pero todo esto habrá que ver cómo se acomodan las circunstancias, las decisiones políticas, mercados, ofertas, etc. También hay que ver cómo juegan Brasil y Uruguay”, dijo Martín Rapetti, coordinador de la Mesa de las Carnes de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA).
En la industria advirtieron que un acuerdo tácito entre privados sería difícil de sostener sin mecanismos de control. “Es una cuestión de acuerdos informales: nadie lo controla. Alguien puede decir ‘yo hago 1000 toneladas’ y terminar haciendo 1500″, ejemplificó un empresario.
Por otro lado, alertaron sobre la alta rotación de empresas que, en años anteriores, se armaban y desarmaban para facturar con el negocio, lo que complicaría establecer criterios de past performance fiables. A esto se suma el hecho de que los barcos tardan 60 días en llegar a China. Es decir, todo lo producido y embarcado en noviembre y diciembre pasado está arribando en estos días a ese país. “No se sabe si eso ya se descuenta de la cuota o si corre a partir de los embarques que se hagan ahora”, señaló la fuente. Esta situación añade incertidumbre sobre cuánto saldo real queda disponible.
“Como empresario, prefiero que el gobierno no intervenga. Que se ocupe de agrandar la torta, no de repartirla”, coincidió un exportador. El objetivo, dijo, debería ser negociar para llevar esas 511.000 toneladas a 600.000 o un millón de toneladas para que la oferta y la demanda definan los jugadores.
La Nación – Belkis Martínez