El llamado complejo tristeza bovina está compuesto por tres agentes: Babesia bovis, Babesia bigemina y Anaplasma marginale. “Son parásitos y una bacteria, pero el mecanismo de acción es el mismo: destruyen los glóbulos rojos, producen anemia y terminan matando al animal por anemia”, explica Sala. En términos productivos, el efecto es directo. “Ahí es donde se ven los resultados negativos a nivel productivo”, agrega.
La transmisión también está asociada a condiciones estructurales de la región. “La babesia es transmitida por la garrapata. El anaplasma, por insectos hematófagos y también de forma iatrogénica, cuando no se limpian las agujas de un animal a otro”, detalla.
En ese contexto, la adaptación del rodeo es casi una condición de supervivencia. “El animal, para poder vivir en esta zona, tiene que estar enfermo. Cuando vacunamos, lo estamos enfermando con cepas atenuadas para que después pueda resistir a las cepas de campo”, explica.
El problema, además, ya no se limita al norte del país. “Con el cambio de clima, la enfermedad cada vez se va corriendo más al sur. Empezamos a tener problemas en regiones donde antes no los había, por el desplazamiento de los vectores”, advierte.
Aunque el peso productivo de la región está puesto en la ganadería bovina, la sanidad ovina también ocupa un lugar en la agenda técnica del INTA. En un territorio que supo ser un polo ovino relevante, hoy el foco está puesto en un problema estructural: los parásitos gastrointestinales. “En INTA se vienen seleccionando desde hace varios años majadas genéticamente resistentes a los parásitos”, señala Sala.
La estrategia apunta a reducir la dependencia de tratamientos químicos. “Los parásitos cada vez son más resistentes a las drogas. Tener animales que carguen menos parásitos nos permite hacer menos parasitaciones al año y mantener los animales en mejor estado”, explica.
El trabajo, por ahora, se sostiene desde la experimental. “Tenemos una majada resistente seleccionada en INTA. Se probó en campos de productores, pero por el movimiento de animales se decidió continuar el proceso en la experimental”, aclara.
El panorama sanitario general de Corrientes, según Sala, es complejo y estructural, más allá de discusiones coyunturales. “En estas zonas subtropicales tenemos un montón de enfermedades. Botulismo bovino es un problema grande por la deficiencia de fósforo y causa grandes mortandades. Rabia también es una enfermedad importante, de denuncia obligatoria, y hemos tenido casos”, enumera.
El cierre vuelve al punto de partida: en Corrientes, la sanidad animal no es una variable secundaria. “Generalmente, lo que se busca en Corrientes, se encuentra”, resume Sala.
Bichos de Campo – Diego Mañas