Según informaron, el importador de las semillas presentó una declaración en la que asegura que el producto procesado no será destinado al consumo dentro de la Unión Europea. Según indicó, se exportará a terceros países donde se admiten esos niveles de residuos o bien se utilizará con fines industriales, como la producción de biodiésel.
Por otra parte, señalaron que las autoridades búlgaras anticiparon que se esperan nuevos embarques desde la Argentina, los cuales también serán sometidos a inspecciones estrictas.
En paralelo, la Asociación Nacional de Productores de Granos de Bulgaria advirtió riesgos que podrían generarse si no se garantiza una trazabilidad rigurosa. La entidad alertó sobre un “riesgo real” para la cadena alimentaria y la salud de los consumidores en caso de que no se asegure la separación total entre materias primas destinadas a uso industrial y aquellas que ingresan al circuito alimentario.
Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y el Centro de Exportadores de Cereales (Ciara Cec), señaló: “Habíamos advertido de los riesgos de exportar semillas de girasol al mercado europeo y a Turquía dado que aplican legislación más estricta en límites máximos de residuos y contaminantes como aflatoxinas. Estos problemas no suceden cuando se exporta aceite de girasol porque el proceso industrial los elimina”.
En este momento hay cinco barcos más en altamar, que salieron desde Quequén y el Gran Rosario.
La Nación