La primera quincena de abril se presenta con un escenario climático dinámico sobre el área agrícola argentina, en el que se alternarán pulsos de aire cálido y húmedo con irrupciones de aire frío, generando un patrón de lluvias muy heterogéneo y variaciones térmicas significativas entre regiones.
De acuerdo con el último informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la semana del 2 al 8 de abril esta siendo dominada, en gran parte del norte y el centro del país, por vientos provenientes del trópico. Esta circulación favorece condiciones cálidas y húmedas, típicas de una transición estacional todavía influenciada por el verano. En contraste, el sur del área agrícola comenzó a sentir el ingreso de aire polar asociado al avance de un frente de tormenta, lo que da lugar a temperaturas normales a inferiores a lo habitual para la época.
Uno de los aspectos más relevantes del período es el comportamiento de ese frente. Impulsado desde el sur, intenta avanzar hacia el norte, pero se encuentra con la resistencia de los vientos cálidos, lo que ralentiza su desplazamiento.
Para la semana del 9 al 15 de abril, el panorama mostrará una nueva transición. El período comenzará con condiciones frescas, pero rápidamente se producirá el retorno de los vientos del trópico, lo que impulsará un ascenso térmico. En ese contexto, el norte volverá a registrar temperaturas superiores a lo normal, mientras que el centro y el sur se mantendrán en valores cercanos al promedio estacional.
Durante esos días, un nuevo frente de tormenta atravesará el área agrícola, generando precipitaciones con una distribución nuevamente desigual. Los mayores acumulados se concentrarán en una franja diagonal que se extenderá desde el NOA hasta el norte de Uruguay, configurando un corredor de lluvias abundantes. Por su parte, el sur de la región pampeana recibirá aportes moderados, mientras que amplias zonas del resto del país registrarán lluvias escasas o incluso nulas.
El paso de este sistema frontal también estará acompañado por una nueva irrupción de aire polar, que provocará un descenso general de las temperaturas. No obstante, el informe destaca que el riesgo de heladas será bajo y que el enfriamiento no alcanzará al extremo norte del área agrícola.
En síntesis, el inicio de abril estará marcado por una fuerte variabilidad climática, con lluvias concentradas en determinadas regiones y una alternancia entre calor y frío que exigirá un monitoreo constante por parte de los productores. En un momento clave para la definición de los cultivos de verano y el inicio de la planificación de la campaña fina, la evolución de estos factores será determinante para el desempeño del sector.
Clarín