Los negocios virtualmente frenados, exceden a las cadenas de exportación netamente ovinas, ya que alcanzan a distintos derivados de la producción animal de otras especies. Hay mercados o negocios puntuales que exigen una condición sanitaria llamada “Cláusula de Condición País”, que enumera una serie de enfermedades que no deben aparecer para que el país esté apto para exportar. Al aparecer el Scrapie, esa cláusula se activa y Argentina pasa a perder la condición que lo determina como apto para poder vender. Claro que esta restricción es temporal, y el Senasa deberá actuar con cada comprador para renegociar las condiciones para una reapertura en caso de que sea posible.
También Senasa deberá tratar el foco y generar las medidas sanitarias para que no se expanda la enfermedad. La complejidad, es que el Scrapie puede tardar entre tres y cinco años en manifestarse.
Tras 96 horas de detectados los focos y confirmados por Senasa, poco se sabe hasta ahora. No hubo comunicación ni respuestas desde el organismo oficial. Lo único que hay hasta ahora son las alarmas de los sectores exportadores. Hay frigoríficos ovinos que tienen paralizadas las plantas por la posibilidad de enviar al exterior.
Según el listado extraoficial que hizo circular el Senasa, son unos 200 negocios los que están frenados. Lo que no podemos saber es la cantidad de toneladas que Argentina exporta a cada país, ya que el área destinada a estadísticas sufrió un fuerte recorte y no hay datos certeros para aportar.
La clave del problema está en esas cláusulas. La mayoría de los protocolos de acceso al mundo exigen que Argentina declare y mantenga, ante la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), su condición de país libre de Scrapie o Prurigo Lumbar. Esa declaración, que el país sostuvo durante décadas, es hoy el activo sanitario más valioso de la cadena agroindustrial y el más vulnerable.
Los mercados afectados están en los cinco continentes. Europa, Asia, América Latina, África y Medio Oriente tienen acuerdos comerciales que, en la letra chica, dicen lo mismo: “Mientras Argentina sea libre de Scrapie, puede mandarnos esto”.
Japón es uno de los más exigentes. Pide que los ovinos que se exportan hayan nacido y vivido en rebaños sin un solo caso confirmado de tembladera (Scrapie). China condiciona la entrada de harinas de carne y hueso, heparina y páncreas a que Argentina demuestre estar libre de diez enfermedades, Scrapie entre ellas. La Unión Europea y Gran Bretaña tienen capítulos técnicos enteros dedicados a las encefalopatías espongiformes —la familia de enfermedades a la que pertenece el Scrapie— para habilitar proteínas animales, grasas, gelatina y hemoderivados.
En la región, Brasil y Uruguay son los que más protocolos tienen en juego. El primero importa carnes bovinas, menudencias ovinas y harinas bajo la misma condición sanitaria. El segundo tiene diez acuerdos activos que cubren desde alimento balanceado para cerdos y aves hasta suero y derivados de sangre.
Sudáfrica, con 21 protocolos, es el comprador africano más expuesto. Compra de todo: sebo, hígado en polvo, extracto de bilis, chacinados, corazones bovinos y productos para mascotas. Todo, bajo la misma condición.
Cuando se habla de exportaciones agropecuarias, se piensa en la carne. Pero lo que está en riesgo es una cadena mucho más larga. La lana limpia tiene protocolos condicionados en Bangladesh, Taiwán y Estados Unidos. Las tripas ovinas saladas van a Perú y Brasil con cláusula de Scrapie. El plasma bovino en polvo llega a Singapur bajo la misma exigencia. La heparina, un anticoagulante de uso médico que se extrae del intestino porcino o bovino, tiene su acceso a China condicionado al estatus sanitario general del país. Hasta el pelo de guanaco que va a Perú lleva en su protocolo una mención a la libertad de Prurigo Lumbar.
La Argentina construyó durante décadas una reputación sanitaria que le abrió puertas en el mundo. Esa reputación es, en los hechos, un activo comercial tan importante como la calidad de su carne o la capacidad de sus frigoríficos. El Scrapie no es una enfermedad nueva ni desconocida, pero su aparición en el país lo convierte en una amenaza concreta para ese activo.
Por ahora, los mercados están “virtual y temporalmente cerrados”, a la espera de cómo evolucione la situación sanitaria y qué respuesta den las autoridades. El reloj corre con pocas respuestas oficiales. Tampoco se espera que Federico Sturzenegger salga a hablar del tema en Twitter.
Bichos de Campo – Diego Mañas