Iraeta, a su vez, recordó su ingreso a la política y recordó el proceso de reducción de retenciones durante la gestión Milei: “Yo entro a la función pública, todos, la mayoría de los que me conocen, no me conocen muchos, pero la mayoría sabe que yo vengo del sector agropecuario y que entré a la función pública a ser un servidor público hace dos años. Bueno, entramos con treinta y tres puntos de retenciones en soja, hoy estamos en veinticuatro. Estamos en cero en economías regionales, en cero en lácteos, cero en porcinos, cero en vacas, bajamos el resto de las carnes, bajamos girasol, bajamos maíz. La verdad que se hizo un esfuerzo en términos en términos de ingresos públicos importante. Y el campo, por supuesto, lo devuelve en producción y en ánimo”.
Sin embargo, Giovaneli le preguntó “¿cuánto falta para llegar a retenciones 0?”. A lo que Iraeta respondió: “Es una pregunta muy compleja, porque tiene que ver con la responsabilidad fiscal. El gobierno va en línea de bajar las retenciones, lo está demostrando, lo ha hecho, lo ha hecho de manera permanente, y está cumpliendo con todo aquello que prometió, entre comillas. Y tanto el ministro de economía como el señor presidente dijeron que el objetivo es ir a retenciones cero. Es muy complejo que yo te diga la fecha. Pero mi opinión, esto no es un dato, es una opinión, es que yo estoy seguro que para la finalización del segundo mandato del presidente Milei “.
“¿Del segundo mandato?”, repreguntó la afortunada colega que pudo entrevistar a un funcionario nacional luego varios meses de negarse a atender a la prensa. “Es una opinión, no es un dato, pero yo estoy convencido que estamos en línea, que estamos en camino. El presidente está convencido, el ministro de Economía está convencido, pero es un tema de responsabilidad fiscal. No podés jugar con la responsabilidad fiscal”, enfatizó el funcionario libertario.
Sin embargo, lo que omite Iraeta es que ese margen de discrecionalidad política no sería tan amplio como sugiere. La hoja de ruta para desarmar los derechos de exportación ya no dependería exclusivamente de la voluntad fiscal del gobierno de turno, sino también de compromisos internacionales asumidos por la Argentina.
En concreto, el entendimiento entre el Mercosur y la Unión Europea (que entrará en vigor el 1° de mayo) incorpora un capítulo específico que apunta a desactivar progresivamente este tipo de impuestos. Allí se establece que los países firmantes deberán reducir los derechos de exportación hasta su eliminación total en un esquema gradual y con plazos definidos, especialmente para productos agroindustriales.
Desde el punto de vista técnico, los derechos de exportación son considerados por la Unión Europea como una distorsión al comercio, ya que funcionan como un impuesto implícito a la producción que altera los precios relativos y desincentiva la oferta exportable. En la práctica, mientras que Argentina los utiliza como herramienta de recaudación y desacople de precios internos, Europa los interpreta como una barrera que afecta la previsibilidad del flujo comercial.
Por eso, en el texto del acuerdo se incluyó una cláusula específica que obliga a su desmonte progresivo. No se trata de una eliminación inmediata, sino de un cronograma de reducción arancelaria que, dependiendo del producto, puede extenderse por varios años, pero con la dirección clara de llegar a cero.
En el caso de los granos, que son el corazón del complejo exportador argentino, el esquema prevé recortes escalonados que comienzan a regir una vez que el acuerdo entre en vigencia efectiva. Para cultivos como trigo y cebada, por ejemplo, el horizonte de eliminación sería significativamente más corto, lo que implicaría que en un plazo cercano del orden de tres a cinco años desde la implementación podrían quedar liberados de este tributo.
Es decir que aun cuando el gobierno argentino plantee una estrategia gradual condicionada por el equilibrio fiscal, el acuerdo comercial actuaría como un “ancla externa” que obliga a acelerar ese proceso. Es decir, la política tributaria sobre el agro dejaría de ser completamente discrecional.
En términos prácticos, esto también redefine las expectativas del productor. Mientras que el mensaje oficial estira el horizonte hacia un eventual segundo mandato, el marco internacional sugiere que algunos cultivos podrían anticipar ese escenario mucho antes. La eliminación de retenciones, en ese sentido, ya no sería solo una promesa de campaña o una aspiración de política económica, sino una condición necesaria para integrarse plenamente a uno de los mercados más exigentes del mundo. Algo que Iraeta olvidó durante su opinión brindada durante el evento organizado por AmCham.
Bichos de Campo – Diego Mañas