“Esto se logró con un extenso trabajo de campo que incluyó muestreos de suelo, contenido de carbono y principales nutrientes para generar mapas que sirvan tanto para la certificación de las emisiones, como para mejorar el manejo en las próximas campañas”, amplió.
En este contexto, cabe recordar que las oleaginosas desarrolladas por Bunge se implantan en reemplazo de barbechos, aportando carbono al suelo durante períodos tradicionalmente improductivos y funcionando como verdaderos “puentes verdes con cosecha”.
“Los cultivos que pueden cumplir este rol son muy específicos por región y tipo de rotación. El programa de Agricultura Regenerativa de Bunge cuenta con tres especies diferentes: colza, cártamo y camelina, cada una con diferentes posibilidades genéticas, para que el productor pueda elegir el cultivo y ciclo que mejor se adapta a su campo”, agregó Bassi.
Colza, cártamo y camelina
En el caso de la colza —el cultivo más desarrollado—, el programa ya cuenta con nueve híbridos con características diferenciadas.
En paralelo, Bunge impulsa alianzas estratégicas para asegurar la mejor genética y optimizar los destinos comerciales de la producción.
–Para el desarrollo de camelina, la compañía invirtió junto a Chevron en Chacraservicios, una empresa local con genética propia y amplia experiencia en producción a campo.
–En colza, se implementan convenios totalmente basados en híbridos, algunos de ellos importados desde Alemania.
–Para cártamo, Bunge trabaja con semillas provenientes de Norteamérica y mantiene acuerdos de investigación orientados al desarrollo de nueva genética.
“Sabemos que, para que el programa sea un éxito, no sólo es importante el margen que obtiene el productor, sino también la estabilidad de estos cultivos, su fecha de cosecha y el efecto que generan como antecesores de los cultivos de verano”, sostuvo Bassi.
Y añadió: “Llegar al productor con la mejor genética y el asesoramiento preciso, genera buenas experiencias y es la clave que está impulsando un fuerte crecimiento. Las expectativas para esta campaña nos llevan a pensar en una duplicación de áreas y producción”.
Pionera en este tipo de desarrollos en Argentina, Bunge reafirma así su apuesta por la integración entre la transformación del sector energético y una agricultura más sostenible.
Al mismo tiempo, estas nuevas oportunidades productivas generan un impacto positivo a nivel país: incrementan la producción agrícola, promueven una mayor fijación de carbono en los suelos y fortalecen el agregado de valor local, ya que los cultivos se transforman en aceites en el país y las harinas resultantes se destinan a la alimentación animal.
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