Y el otro factor, la lixiviación, el nitrato al no ser retenido por el suelo se mueve de las capas más superficiales del suelo a estratos más profundos, no quedando de manera inmediata disponible para el cultivo que, por supuesto, cuando arranca, su exploración radicular es mínima, al igual que sus necesidades.
Entonces, es clave saber qué tenemos en el suelo. Cuando uno está ajustado con los presupuestos, muchas veces piensa que achicar siempre es mejor: en este caso hay excepciones.
Escenario
Otra son las pasadas de fertilizante nitrogenado al cultivo. No es un capricho en lotes con alta demanda de nitrógeno hacer dos aplicaciones en el invierno. El riesgo de perder nitrógeno por lluvias es alto, por lo tanto, no es recomendable hacer una sola aplicación de urea sino programar dos.
Y, dependiendo de los niveles de nitrógeno en el suelo, dividirlas en 50/50 60/40, y más temprano o tarde siempre jugando dentro de Z1.3 a Z3.1, tratando de captar rendimiento y calidad.
Por último, pero no menos importante, el nitrógeno es clave a la hora de la protección vegetal a enfermedades necrotróficas. Todas las manchas en cebada y en trigo son enfermedades causadas por agentes necrotróficos. La fertilización nitrogenada reduce la incidencia y severidad de este tipo de enfermedades y potencia las biotróficas, como las royas. Como conclusión tenemos que hacer todo lo que este a nuestro alcance para mejorar nuestro rendimiento económico, lo cual está dado por eficiencia, control monitoreo, y no solo del cultivo, sino del clima y una gran herramienta son las franjas de suficiencia para observar en un óptimo momento de respuesta la posibilidad de corregir. Es una actividad dinámica y las decisiones agronómicas siguen el mismo patrón.
El autor es ingeniero agrónomo radicado en Necochea, asesor y responsable de las siembras de Alea y Cía. SA
La Nación