Sin embargo, el objetivo exportador sigue intacto. “Siempre estamos latentes a que pueda surgir un contrato. La idea es seguir tratando de crecer y apuntar un poquito más a la exportación”, señala el empresario, quien avanza con las reformas e inversiones que exige Senasa para volver a acceder a mercados externos y sumar la carne vacuna a ese proyecto.
Mientras tanto, Supercarne consolidó un mercado que pocos frigoríficos del centro del país abastecen de manera sostenida: la Patagonia. Allí envía carne sin hueso desde hace más de una década, manteniendo una cartera de clientes que heredó de los anteriores dueños y que complementa muy bien con las ventas en el sur bonaerense.
En ese crecimiento también fue clave la incorporación del envasado al vacío, una inversión que hoy utilizan para prácticamente toda la mercadería que envían al sur y buena parte de la distribución provincial. Además de mejorar la conservación y la logística, es un paso imprescindible para el objetivo exportador.
“Yo creo que estaríamos preparados para hacerlo. Faltarían algunos detalles que pide Senasa, pero estamos avanzando con las habilitaciones y las reformas”, afirma.
Stornini también cree que el comercio de carnes irá migrando naturalmente hacia ese formato. “En las grandes ciudades cada vez se intensifica más el envasado al vacío. Es práctico, conserva el producto durante meses y creo que el principal cambio pasa por una cuestión cultural”, sostiene.
Respecto del mercado, reconoce que la industria atraviesa un momento difícil. Calcula que la faena cayó cerca de 20% en los últimos meses por la debilidad del consumo y observa una situación llamativa: hay menos hacienda terminada, pero los precios del ganado siguen prácticamente estancados.
“Hoy tenemos una falta de gordo, pero tampoco el precio sube. Eso nos marca que la calle no da para que aumente más”, explica. Aun así, considera que una estructura pequeña como la de Supercarne le permite absorber mejor la coyuntura que a los grandes frigoríficos.
También menciona el impacto que tuvieron los aumentos de electricidad, gas y combustibles sobre los costos y reclama mayores controles sobre la informalidad comercial, que genera competencia desleal para las empresas que trabajan dentro de las reglas.
Pese a ese contexto, el mensaje del empresario mantiene el optimismo. La apuesta sigue siendo invertir, sumar infraestructura, obtener habilitaciones y abrir nuevos mercados. En definitiva, demostrar que desde un frigorífico familiar del interior bonaerense también se puede construir un proyecto con vocación exportadora.
Bichos de Campo – Nicolás Razzetti