En enero de 2025 Alemania confirmó un foco en Brandeburgo y, dos meses después, Hungría y Eslovaquia registraron nuevos brotes que afectaron a más de 6000 animales en cada país. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) calificó aquella situación como el brote más importante registrado en Europa desde 2001.
La situación que hoy enfrenta Chipre es diferente. Allí circula el serotipo SAT1, una variante originaria del sur de África que se expandió hacia Asia y frente a la cual las vacunas tradicionales utilizadas en otras regiones no brindan protección. Ese mismo serotipo también fue detectado en la isla griega de Lesbos, Israel y Turquía.
En Chipre el control sanitario presenta además una dificultad adicional por la división política de la isla entre la zona administrada por el gobierno de Nicosia, la capital chipriota, y el sector bajo control turco, donde aparecieron los primeros casos. Frente al avance de la enfermedad, las autoridades impusieron restricciones al movimiento de animales, suspendieron las exportaciones de hacienda en pie y comenzaron una campaña de vacunación de emergencia.
Desde Biogénesis Bagó explicaron que, en una primera etapa, Europa recurrió a la estrategia tradicional de eliminar los rodeos afectados, pero el crecimiento de los focos obligó a revisar ese criterio. “Se les diseminó en todo el territorio y hoy ya no quieren seguir aplicando rifle sanitario porque las pérdidas son muy grandes y además hay que compensar económicamente a los productores”, señaló el CEO. Agregó que, desde el punto de vista económico, la vacunación representa un costo mucho menor. “Lógicamente, la vacuna es mucho más económica que un rifle sanitario y una compensación”, indicó.
También remarcó que la enfermedad prácticamente no provoca mortalidad en bovinos adultos y no representa un riesgo para las personas. “Volver a poblar un campo después de un rifle sanitario y afrontar todas las pérdidas económicas que eso genera es muy difícil para cualquier productor”, sostuvo.
El envío a Chipre fue posible porque la vacuna de Biogénesis Bagó cuenta con la precalificación otorgada por la Comisión Europea para el Control de la Fiebre Aftosa (EuFMD), organismo dependiente de la FAO. Según explicaron desde la empresa, ese proceso implica una evaluación técnica independiente sobre la seguridad, eficacia y potencia del producto. Aunque no constituye un registro sanitario, permite que un país pueda utilizar la vacuna en una situación de emergencia aun cuando todavía no esté registrada localmente.
“Es una evaluación equivalente a la que realiza una autoridad regulatoria. Eso permite que los países puedan respaldarse en ese análisis para utilizar la vacuna”, dijo Turic.
El envío a Chipre se suma a otra de las principales actividades de la compañía: la provisión de bancos nacionales de antígenos. Biogénesis Bagó administra desde 2000 el banco de antígenos de la Argentina y desde 2006 los de Estados Unidos y Canadá. También abastece a Corea del Sur, Taiwán, Filipinas e Israel. El caso más reciente es Brasil, que contrató un banco por diez años con capacidad para formular 10 millones de dosis de los dos serotipos de mayor riesgo para ese país, con una inversión de 48 millones de reales.
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Los antígenos tienen una vida útil de unos diez años y luego deben renovarse. Además, los países pueden ampliar el volumen almacenado según cambian sus mapas de riesgo. “Los países empiezan con un volumen determinado y después nos dicen: ‘Quiero sumar dos millones más, cinco millones más’”, explicó Turic.
Según detalló, la empresa puede formular y despachar vacunas en un plazo de siete días desde que recibe el pedido.
La planta de Garín tiene capacidad para producir cerca de 400 millones de dosis por año. Actualmente fabrica alrededor de 200 millones y tres de cada cuatro se destinan a la exportación. Hace dos décadas, detalló el ejecutivo, la mayor parte de la producción se destinaba al mercado argentino. Hoy, con una menor demanda local y varios países de la región que redujeron o suspendieron la vacunación, como Brasil, el negocio se volcó hacia la exportación. Sin embargo, en Biogénesis Bagó sostienen que la aftosa seguirá siendo un desafío global. “Si mirás el mapa mundial, el 70% de las especies susceptibles vive en zonas endémicas. Estamos muy lejos de haber ganado esa batalla”, afirmó Turic.
La Nación – Pilar Vazquez