En Entre Ríos existen cerca de 37.000 hectáreas implantadas con cítricos. De ese total, unas 7000 corresponden a Concordia y alrededor de 30.000 al departamento Federación. La actividad involucra a más de 1800 productores, más de 300 galpones de empaque y más de 100 viveros dedicados a la producción de plantas cítricas.
Para Walter Silva Muller, vicepresidente de la Federación del Citrus de Entre Ríos (FeCiER), la situación actual responde a la coincidencia de varios factores negativos que terminaron deteriorando la rentabilidad del negocio.
“Este año, la situación está bastante compleja porque se combinaron al menos tres factores que hacen que el negocio citrícola esté complicado, con muy baja rentabilidad, inclusive por debajo de los márgenes de rentabilidad positiva; o sea, estamos prácticamente en negativo”, dijo a LA NACION el también productor de la zona de La Criolla. En ese escenario, sostuvo que el productor recibe una porción muy reducida del valor final que paga el consumidor: “Hoy la fruta es lo que menos vale. En un cajón de 18 kilos que se vende en el Mercado Central a $10.000, solo $1800 corresponde a la fruta; el resto es cosecha, empaque, flete a mercado, comisión de puestero, costo del cajón y descarga en el mercado”.
El dirigente explicó que el principal destino de la producción de mandarinas y naranjas de la región continúa siendo el mercado interno, mientras que la exportación representa apenas entre el 8% y el 10% del volumen producido. Dijo que las ventas al exterior no crecen por falta de mercados interesantes, por problemas sanitarios, barreras sanitarias y aranceles como es en la Unión Europea: “Entonces, el resultado económico de la exportación no es tan alentador”.
A ello se suman las restricciones sanitarias. “Los problemas sanitarios, como ser mancha negra y cancrosis, que son enfermedades cuarentenarias para estos mercados, nos limitan también”, agregó. Otro de los factores que agravó el escenario fue el fuerte derrumbe del mercado internacional del jugo de naranja. Según recordó, hace tres campañas el producto alcanzó valores excepcionales, pero esa situación cambió por completo. “Tuvimos un precio récord del jugo de naranja, valía US$6000 la tonelada, pero hoy vale US$2000 la tonelada; por lo que la caída del precio del jugo fue muy importante, volviendo a valores históricos”, afirmó. Ese retroceso redujo significativamente el valor que puede pagar la industria por la fruta destinada al procesamiento: “Hoy la fruta para industria de jugo está valiendo entre 40 y 50 pesos el kilo en planta”.
Silva Muller explicó que históricamente el mercado doméstico sostenía la rentabilidad de muchos pequeños productores, pero actualmente tampoco logra absorber la oferta disponible. “Aproximadamente, el 50% de la producción va al mercado interno de la fruta; ese es nuestro principal mercado y es el que siempre sostenía la ecuación, sobre todo la de los pequeños productores que se dedican más a consumo local”, indicó.
Sin embargo, sostuvo que este año confluyeron una producción muy superior con un consumo debilitado por la pérdida del poder de compra. “No solamente tenemos un problema de destinos, sino que se combinó este año con una alta producción, rendimientos muy buenos, comparados con las campañas anteriores y la oferta de fruta ha aumentado un 20% comparado con la campaña anterior. Y por otro lado el poder adquisitivo del mercado interno está muy retrasado, muy caído”, describió.
Según explicó, esa combinación provoca un exceso de oferta frente a una demanda debilitada, lo que mantiene los precios en niveles muy bajos y dificulta la comercialización: “Eso hace que la fruta de calibre chico no se pueda vender directamente”.
Este 2026, a los problemas económicos se sumaron fenómenos climáticos puntuales que agravaron las pérdidas en la región de Concordia. El dirigente explicó que las recientes heladas afectaron especialmente a las variedades tardías, justo cuando la campaña ingresó en su último tramo. “La fruta tardía ha sufrido daños de heladas en la zona del departamento Concordia, sobre todo, que es la zona más fría, lo que ha hecho que perdamos algunas variedades”, indicó.
Además, recordó que hace pocas semanas un fuerte temporal de viento ocasionó nuevos daños sobre la producción. “Hace dos fines de semana atrás tuvimos una tormenta de viento muy fuerte que ha tirado forestaciones, cortinas, ha roto plantas y ha hecho caer fruta en la zona también de Concordia. Entonces también tenemos algunos problemas climáticos que nos están afectando negativamente”, concluyó.
En este contexto donde los costos siguen en alza y los ingresos no alcanzan para cubrir las inversiones que requiere la actividad, el panorama para los productores citrícolas genera cada vez más incertidumbre, según detallan. Advierten que el problema ya no pasa únicamente por atravesar esta campaña, sino por evitar que la falta de rentabilidad obligue a reducir las tareas de manejo en sus quintas.
La Nación – Mariana Reinke