Diseño y construcción
“La instalación para la neutralización de los residuos de fitosanitarios consta de varias partes. Primero hay que preparar una plataforma con una superficie impermeable de hormigón u otro material resistente donde se lava el equipo”, indicó Marcela Genero, ingeniera agrónoma jefa de la agencia de extensión del INTA de Huinca Renancó, que ha recopilado información sobre el tema y ha evaluado sistemas en grandes empresas locales.
“La plataforma debe estar diseñada con pendiente hacia el segundo sector -la cama biológica- para conducir el efluente por gravedad. Además, debe tener un borde perimetral para contener los derrames posibles”, amplió.
Luego hay que construir la cama biológica en sí, que es donde se degradan los fitosanitarios, con una excavación de una profundidad de 25 a 50 centímetros según el volumen de efluente generado por el equipo. “También es necesario impermeabilizar el fondo y las paredes con concreto, arcilla compactada y geomembrana y se puede agregar un techo para evitar la acumulación del agua de lluvia”, indicó Genero, que habló en una jornada sobre pulverizadoras organizada por el CREA Río Quinto en la estancia La Barrancosa.
En la cama biológica propiamente dicha se prepara una biomixtura con la siguiente composición: 50% de paja de cereales como fuente de carbono, para estimular el desarrollo de organismos responsables de la degradación; 25% de tierra de la zona que aporta microorganismos y 25% de compost o turba que asegura la retención de humedad y de nutrientes. Una vez preparada, la mezcla se vuelca en la fosa en capas.
Para una pulverizadora de campo estándar los parámetros típicos de diseño son: superficie mínima de la cama 6 a 10 metros cuadrados con una profundidad de 25 a 50 centímetros que permitan manipular un volumen de efluente de 200 a 500 litros por lavado.
“En los intervalos en que no recibe agroquímicos hay que mantener la biomixtura húmeda pero no inundada, con 60 a 70% de humedad, y airearla periódicamente con horquilla o rastrillo cada dos a cuatro semanas. Además, hay que renovar parcialmente la mezcla cada cinco o siete años o cuando pierda eficiencia en su función”, recomendó Marcela. Este proceso es necesario para mantener activa la carga microbiana encargada de degradar estos productos de desecho.
Modelos
La instalación descripta permite degradar diversas clases de agroquímicos con la ventaja de un bajo costo de construcción y alta eficiencia de degradación, que puede llegar al 95% para muchos principios activos. Entre las limitaciones figuran la no eliminación de metales pesados ni contaminantes inorgánicos y que no es apta para manipular grandes volúmenes de efluentes.
Hay varios modelos de camas biológicas y lavaderos de pulverizadoras. Genero explica que “el sistema descripto, también llamado Biobed, fue desarrollado en Suecia en los años 90 y es el más difundido en el mundo”. Hay variantes mejoradas que incorporan un sistema de recirculación del efluente por el cual el líquido que atraviesa la biomixtura se recoge y se vuelve a pasar por ella varias veces antes de considerarse tratado. Este sistema aumenta la eficiencia de degradación, especialmente para los principios activos más difíciles de eliminar.
Otro sistema es un Biopurificador que, en lugar de la fosa excavada, se construye sobre el nivel del suelo, en cajones o estructuras de madera, metal u hormigón. Es recomendable donde el nivel freático es alto o el suelo es rocoso. Tiene las mismas capas de Biobed clásico pero en una estructura elevada.
También está el Phitobac, que es un sistema desarrollado en Francia que usa una mezcla de suelo y paja como sustrato complementado con evaporación de plantas sembradas encima. Tiene la ventaja de no generar efluente líquido, porque el agua se pierde por evaporación y evapotranspiración y las plantas absorben parte de los residuos.
El Heliosec, también de origen francés, funciona con evaporación solar como mecanismo principal. El efluente se esparce en una superficie con sustrato y la radiación solar evapora el agua concentrando y degradando los residuos. Es más sencillo, pero depende significativamente del clima.
En la Argentina, el manejo de efluentes de agroquímicos está regulado por las provincias. En Córdoba, por ejemplo, la ley de fitosanitarios establece la obligación del tratamiento adecuado de estos residuos. Ante esta exigencia, “las camas biológicas son una de las soluciones técnicas aceptadas por el Senasa y el INTA, que ofrece protocolos y guías para la construcción por los productores; en varias provincias se financian a través de programas de Buenas Prácticas Agrícolas”, concluyó.
La Nación – Carlos Marin Moreno