Con apenas una década de desarrollo, la firma familiar combina la producción de olivos, vid y nogal con la elaboración de aceites de alta gama, vinos y frutos secos, además de abrir sus puertas al turismo. El modelo refleja, en buena medida, el camino que exploran muchos emprendimientos riojanos para agregar valor y sostener una economía regional histórica en un contexto cada vez más desafiante.
Sin embargo, la actividad no está exenta de dificultades. Julio Ariel Juárez, investigador del INTA-Aimogasta y productor olivícola, advierte sobre el impacto de Xylella fastidiosa, la bacteria que provoca una enfermedad que afecta a los olivares tradicionales de la región. "En mi finca se secaron muchos olivos, algo similar a lo que les está ocurriendo a muchos productores de la zona", señala Juárez. El especialista afirma que la enfermedad es transmitida por insectos vectores, aunque todavía no existen protocolos precisos para su control.
A los problemas sanitarios se suman las dificultades económicas. Según Juárez, durante la última campaña el precio de la aceituna cayó y los costos de cosecha alcanzaron niveles inéditos. "Los costos alcanzaron el 35% del valor de la aceituna, cuando históricamente nunca superaba el 25%", remarca.
Pero a estas dificultades —sanitarias y económicas— se agrega un condicionante estructural: la escasez de agua superficial le agrega un condimento más al perfil resiliente de la provincia. La Rioja es la más árida del país y la producción depende, en su enorme mayoría, de perforaciones. "En La Rioja, el 95% y un poco más del riego de la producción es a través de perforación", explica el senador nacional Fernando Rejal, exministro de Producción de la provincia. Ese costo energético representa entre el 40% y el 45% de los costos netos de la producción olivícola, y en algunos casos supera ese piso: "Si vos gastás diez pesos, cuatro pesos y medio son de energía", detalla Rejal.
La paradoja es que la provincia genera, con parques eólicos y solares, más energía de la que consume, pero eso no alcanza para bajar la factura: la producción debe volcarse al sistema interconectado nacional y comprarse de vuelta a precio de mercado. "Nosotros hemos hecho las redes, hemos hecho los deberes, pero hay deberes que no tenemos que hacer nosotros, que los tiene que hacer Nación, acompañando con políticas de promoción y de desarrollo", sostiene Rejal.
La competencia internacional también genera preocupación entre los productores. El acuerdo Mercosur-Unión Europea y la posibilidad de una mayor presencia de aceites europeos en mercados estratégicos como Brasil son observados con atención por el sector.
Frente a este contexto, la incorporación de tecnología aparece como una de las principales herramientas para sostener la rentabilidad. En Vista Larga, por ejemplo, toda la finca se maneja bajo riego por goteo automatizado. Sensores de humedad distribuidos en el campo permiten determinar con precisión cuándo es necesario regar cada sector. "Antes se regaba a ojo. Hoy tenemos sensores conectados a una plataforma que nos indican exactamente cuándo hace falta aplicar agua", explica Leborán.
La empresa además desarrolló un sistema propio de automatización y cuenta con parques solares capaces de abastecer la totalidad de la energía que demanda la explotación. "Instalamos paneles solares porque nos fundíamos. La sustentabilidad no es solamente una cuestión ambiental, es un tema de eficiencia y necesidad económica", resume el productor.
Julián Clusellas, presidente de Valle de la Puerta S.A. y vicepresidente de la Federación Olivícola Argentina, reconoce que el escenario actual obliga a extremar la eficiencia. "Con el costo argentino como está hoy es muy difícil pensar en nuevas inversiones. Tenemos que seguir siendo competitivos y agregar valor permanentemente", sostiene.
La mecanización también gana terreno en la provincia. Clusellas sostiene que el futuro pasa por sistemas cada vez más intensivos y eficientes, con mayor densidad de plantas por hectárea y cosecha mecanizada, capaces de reducir costos y optimizar el uso del agua.
Del commodity a la marca propia
Otra de las estrategias que gana protagonismo es el agregado de valor en origen. Cada vez más empresas riojanas avanzan hacia la elaboración de productos diferenciados, con identidad territorial y marca propia.
Elaboran aceites de oliva orgánicos, vinos y nueces envasadas bajo una misma marca comercial. Los aceites llegan a restaurantes de alta gama de Buenos Aires y fueron distinguidos en distintos concursos nacionales. "Entendimos que el producto habla por sí solo. Nuestro desafío fue lograr que los chefs lo probaran. Una vez que lo hacen, vuelven a comprar", cuenta Leborán.
Por su parte, Valle de la Puerta trabaja además en proyectos vinculados a la economía circular y la sustentabilidad, aprovechando los residuos del olivo y de la elaboración de vinos para producir compost y desarrollar experiencias vinculadas al biocarbón y la captura de carbono.
La integración con el turismo aparece como otro de los caminos para fortalecer la actividad. Los visitantes pueden recorrer la finca, participar de degustaciones y conocer el proceso de elaboración de los distintos productos. La apuesta no es individual. Productores, empresarios y el sector público coinciden en que el desafío pasa por consolidar circuitos turísticos vinculados al vino, el aceite de oliva y la gastronomía regional, capaces de atraer visitantes y generar nuevas oportunidades de negocio.
La Rioja es considerada la cuna de la olivicultura argentina. En la localidad de Aimogasta se encuentra el olivo cuatricentenario, un ejemplar de la variedad Arauco que durante décadas simbolizó el origen de la actividad que hoy continúa siendo un pilar de la economía de la provincia.
"La Rioja tiene una historia muy fuerte ligada al olivo. Es una de las primeras actividades agroindustriales desarrolladas en el país y forma parte de nuestra identidad productiva", destaca Rejal, quien además de ministro de Producción también se desempeñó como intendente de Chilecito, uno de los departamentos con mayor desarrollo agroindustrial de la provincia.
“El aceite riojano tiene una calidad única. Y eso en gran medida se lo da su terruño y su tradición. Queremos envasar el Valle de Huaco en una botella", resume Leborán. Entre olivares centenarios y sistemas de riego inteligentes, la olivicultura riojana quiere escribir así un capítulo más de esa historia.
Clarín – Javier Carrizo