En sentido contrario, algunos sectores moderaron el crecimiento general de las exportaciones agroindustriales. El complejo avícola acumuló una caída del 43%, seguido por el arrocero, con una baja del 17%, y el manisero, que retrocedió 5% en los primeros siete meses del año.
Por participación, la soja se mantuvo como el principal complejo agroindustrial. Con USD 10.548,6 millones exportados, concentró el 33% del total y mostró un crecimiento acumulado del 0,5%.
El maíz ocupó el segundo lugar, con una participación del 16,5% y exportaciones por USD 5.269,4 millones, un 12% más que en el mismo período del año anterior. En julio, además, sus ventas externas dieron un salto del 42%.
El complejo pesquero generó USD 1.416,3 millones en los primeros siete meses, con un crecimiento acumulado del 18% y una suba del 38% en julio. De esta manera, representó el 4,4% de las divisas generadas por las cadenas agroindustriales.
El complejo bovino-lácteo, en tanto, alcanzó USD 811,9 millones, un 14% más interanual, mientras que la cebada sumó USD 813,8 millones, con una mejora del 11%.
El informe también analizó la evolución del tipo de cambio. En julio, el tipo de cambio vendedor/comprador del Banco Nación promedió $1.476,98 por dólar, lo que implicó un incremento del 2,4% mensual y del 17,1% interanual.
Por su parte, el Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM) elaborado por el Banco Central registró una mejora del 1% respecto de junio. Sin embargo, se ubicó 2% por debajo del promedio de 2025 y 6% por debajo del nivel de un año atrás. El indicador continúa siendo una referencia clave para evaluar la competitividad de las economías regionales y de las distintas cadenas agroalimentarias.
Por otro lado, Coninagro destacó en su último reporte que en la mayoría de las economías regionales, las importaciones representan una fracción mínima en relación con las exportaciones, lo que refuerza el perfil estructuralmente superavitario de estos sectores.
No obstante, existen casos puntuales donde la balanza comercial resulta deficitaria o donde la competencia con productos importados adquiere relevancia.
Por un lado, se destacan las economías generadoras netas de divisas, en las que las importaciones tienen una incidencia marginal frente a las exportaciones. Dentro de este grupo, las actividades manicera, arrocera, apícola, ovina y de peras y manzanas presentan los mayores superávits, con una participación de las compras externas inferior al 1% de sus ventas al exterior.
En el extremo opuesto se encuentran las economías deficitarias, donde el ingreso de divisas resulta insuficiente para cubrir el gasto en importaciones, lo que refleja una mayor dependencia del exterior o una limitada inserción exportadora.
La mandioca presenta la situación más extrema, con exportaciones prácticamente nulas e importaciones que equivalen al 152,8% de las exportaciones.
En el caso de la actividad porcina, las compras externas representan el 549,6% de las ventas al exterior, mientras que en el sector forestal alcanzan el 112,3%.
Infobae