Ahora esa información se utiliza para una cobertura frente a una caída del rendimiento. A diferencia de un seguro tradicional, no es necesario inspeccionar el campo para comprobar los daños, sino que el pago se activa si el rinde calculado por el sistema queda por debajo del nivel acordado.
“Nuestro motor se conecta con el clima de ellos, con los suelos que ya tenemos digitalizados y con las prácticas de manejo del productor. Es un motor digital que transforma la variabilidad climática de los últimos 42 años en datos de rendimiento”, señaló Tamburrino.
Se construye una distribución con todos los rindes posibles para un lote y calcula la probabilidad de que la producción quede por debajo de determinado nivel.
“Cuando te querés asegurar con un paramétrico de rinde, ves todas las posibilidades de rendimiento que podrían existir en un lugar. Eso sirve para tarificar el riesgo y saber cuánto cobrar por la prima”, explicó. Los seguros paramétricos pueden tomar como referencia la lluvia, la temperatura, la radiación solar u otra variable. En este caso, la diferencia es que el índice final se expresa en kilos por hectárea. “El tema es que el parámetro se relacione con la realidad. En nuestro caso habla el mismo idioma que la realidad: estás mirando kilos por hectárea, no milímetros de lluvia”, indicó Tamburrino.
La empresa ya utilizó la herramienta para cubrir a productores durante la campaña pasada. Ahora busca ampliar su aplicación después de que se estableciera una regulación específica para estos productos. En julio, la Superintendencia de Seguros de la Nación (SSN) publicó la Resolución 315/2026, que incorporó los seguros paramétricos al Reglamento General de la Actividad Aseguradora. La norma determinó que la indemnización se activa cuando un índice predeterminado alcanza cierto valor, sin que el asegurado deba justificar el daño.
La regulación exige un estudio técnico que demuestre la relación entre el índice elegido y el riesgo cubierto. Además, las pólizas destinadas al Estado o con sumas aseguradas superiores a un millón de Unidades de Valor Adquisitivo (UVA) pueden comercializarse sin autorización previa y ser informadas al organismo dentro de los 30 días posteriores a su emisión.
“Antes, para sacar un producto paramétrico al mercado, había que presentarse ante la Superintendencia y atravesar un proceso en el que no se sabía si iba a terminar aprobado. Ahora lo hicieron mucho más ágil”, afirmó Tamburrino.
YielData nació en 2022 porque sus fundadores observaban que los bancos, las aseguradoras y otras empresas necesitaban datos productivos para tomar decisiones, pero muchas veces no podían acceder a ellos. Por eso desarrollaron una infraestructura de rindes simulados que puede integrarse a los sistemas de otras compañías.
En septiembre, los argentinos mostrarán cómo la herramienta pasó de anticipar cosechas a utilizarse en operaciones concretas. “Con la información climática que ellos recopilan por satélite y con nuestra tecnología logramos vincular esos datos con los rendimientos. Eso termina generando un índice que puede participar en el mercado mediante estructuras paramétricas”, concluyó.
La Nación – Pilar Vazquez