El origen del proyecto no está en una incubadora tecnológica sino en años de investigación científica. Sylvarum nació a partir del trabajo de la doctora Karina Balestrasse, investigadora del Conicet en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, y del doctor Leandro Prevosto, investigador del Conicet y referente de la Universidad Tecnológica Nacional de Venado Tuerto.
Ambos comenzaron hace más de una década a investigar las aplicaciones del plasma no térmico en la agronomía. Durante años, el desarrollo avanzó dentro de los laboratorios y a través de ensayos destinados a comprender los efectos de esta tecnología sobre las semillas y el desarrollo de las plantas. Recién en los últimos dos años el equipo decidió transformar ese conocimiento científico en una empresa y construir una estructura capaz de llevar la tecnología al mercado. Hoy, el proyecto reúne investigación desarrollada entre la Facultad de Agronomía de la UBA y la UTN de Venado Tuerto, capital privado y vínculos con empresas de la industria semillera.
La elección dentro de Legado 2026 se suma así a una etapa de consolidación para la startup. El programa, impulsado por Bayer Foundation junto a Endeavor, está orientado a emprendimientos que ya superaron las primeras etapas de desarrollo y cuentan con modelos validados o próximos a alcanzar esa instancia. La iniciativa busca identificar proyectos con capacidad de crecimiento y potencial para generar transformaciones sostenibles en áreas como salud, agricultura, alimentación y uso eficiente de los recursos.
En esta edición participaron startups de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Uruguay, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Panamá y Perú. El proceso incluyó 148 entrevistas, 21 sesiones de mentoría de pitch y siete Demo Days locales. Finalmente, 38 emprendimientos presentaron sus propuestas ante un jurado integrado por 41 especialistas, hasta llegar a los diez seleccionados.
Sylvarum fue elegida junto a otra startup argentina, Nat4BIO, que desarrolla biotecnología microbiana para extender la vida útil de frutas y vegetales, reducir las pérdidas por hongos y disminuir el uso de fungicidas sintéticos.
El cuarto estado de la materia
La tecnología desarrollada por Sylvarum consiste en tratar semillas mediante plasma no térmico. El sistema utiliza gases ionizados que interactúan con las semillas dentro de campos eléctricos de alta tensión. "Las partículas forman una sopa reactiva que se mueve alrededor de las semillas y esto desata distintos mecanismos que resultan en una germinación más rápida y una reducción de patógenos", explicó Ottaviano.
La empresa ya realizó pruebas en cultivos extensivos como soja, maíz y trigo, con distintas campañas a campo y ensayos sobre diferentes variedades. Según los resultados que viene validando el equipo, el tratamiento permite mejorar el comportamiento inicial de las plantas y aumentar su vigor. Uno de los principales objetivos es que ese mejor desempeño pueda traducirse también en un incremento del rendimiento.
Para el sector agropecuario, donde la mejora de la productividad es uno de los principales desafíos, el potencial de la tecnología está justamente en la posibilidad de sumar una nueva herramienta al proceso productivo sin modificar el manejo posterior del cultivo. Otro de los aspectos centrales es su perfil ambiental. El tratamiento es seco y no utiliza productos químicos.
"Quizás no podamos eliminar por completo el uso de agroquímicos, pero se puede reducir significativamente viendo los mismos resultados o incluso mejores", señaló Ottaviano.
Dos laboratorios y un desarrollo que busca escalar
Detrás de la tecnología conviven dos áreas de trabajo. En la Facultad de Agronomía de la UBA funciona el laboratorio de biología, donde se realizan las evaluaciones para determinar el comportamiento de las semillas y las plantas luego de los tratamientos.
En paralelo, en la UTN de Venado Tuerto funciona el laboratorio de descargas eléctricas, donde se desarrolla la ingeniería de las máquinas y se realizan los tratamientos con plasma. Esa articulación entre biología e ingeniería es uno de los pilares del proyecto. Mientras un equipo trabaja sobre los mecanismos y los efectos que genera el tratamiento, el otro desarrolla la tecnología necesaria para llevarlo a escala.
El desafío actual es precisamente pasar del prototipo y los ensayos a una capacidad de procesamiento compatible con las necesidades de la industria. Sylvarum no busca llegar directamente al productor agropecuario. Su modelo de negocios apunta a las empresas semilleras, con la intención de incorporar el plasma no térmico como una etapa adicional dentro del proceso industrial. "Es como un paso más de procesamiento en la industria. Así como se le aplica un cura semilla, se le aplica plasma no térmico", graficó Ottaviano.
La propuesta es que la tecnología pueda incorporarse al proceso de tratamiento de las semillas sin que el productor tenga que modificar su operatoria habitual.
La Capital – Patricia Martino