Fernando Brun, al frente de la Secretaría de Relaciones Económicas Internacionales de Cancillería explicó que “el riesgo inmediato está frenado, pero la discusión no está cerrada. Habíamos pasado a ser objeto de una medida ambiental para arancelaria contraria a lo negociado en el marco del acuerdo Mercosur-Unión Europea. Negociamos muy claramente una desgravación para el biodiésel argentino, que hoy diría casi exclusivamente se produce para el mercado europeo bajo estándares europeos”.
El funcionario remarcó que el biodiesel argentino, que se exporta exclusivamente desde los puertos de Rosario a la Unión Europea, “es extremadamente competitivo”.
Un punto importante a la hora de defender el biodiésel de la Argentina es que “está certificado debidamente”, explicó Brun. “La soja argentina, la que nosotros estamos exportando hoy, no tiene un punto de contacto con la deforestación”. Este punto es central en las demandas de la UE. Agregó que la Argentina demostró que la superficie de cultivo de la soja permanece inalterada desde 2018. “Nuestras exportaciones pueden incrementarse gracias a la productividad por hectárea, no por la extensión de la superficie cultivable”, dijo.
Desde el gobierno de Santa Fe, Georgina Losada, secretaria de Comercio Exterior, contó que la provincia conformó una mesa de trabajo público-privada junto con empresas y cámaras del sector para elaborar un dossier técnico que demostró que la producción santafesina cumple con estándares de sustentabilidad y no está vinculada a procesos de deforestación ni cambios en el uso del suelo.
“La preocupación era especialmente relevante para Santa Fe, ya que concentra el 85% de la producción nacional de biodiésel y el 100% de sus exportaciones, con Bélgica y Países Bajos como principales destinos. Además, el sector ya enfrenta dificultades por la capacidad ociosa generada tras la reducción del corte obligatorio de biodiésel en combustibles”, dijo Losada.
La funcionaria aseguró que, si la regulación europea se hubiera aplicado sin modificaciones, podría haber puesto en riesgo la continuidad de la industria del biodiésel en Argentina, con fuerte impacto sobre toda la cadena productiva de la región centro.
Las autoridades provinciales señalaron que trabajan en incentivos para atraer inversiones y destacaron proyectos en marcha, entre ellos una biorefinería en San Lorenzo con una inversión prevista de US$400 millones.
Cambio regulatorio
El sector de los biocombustibles busca posicionarse como un proveedor clave para la aviación y el transporte marítimo. Desde la Cancillería destacaron que la Argentina participa activamente en los debates de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) y de la Organización Marítima Internacional (OMI), donde se definen las reglas que regirán el uso de combustibles sostenibles en los próximos años.
Mientras que el mercado de combustibles sostenibles para aviación (SAF) aparece como una oportunidad de mediano plazo, el transporte marítimo es visto como el segmento con mayor potencial inmediato para el biodiésel.
Los representantes del sector privado remarcaron que la transición energética global está impulsando una creciente demanda de biocombustibles. Según explicaron, en los últimos meses unos 50 países avanzaron en cortes obligatorios de biocombustibles, lo que abre nuevas oportunidades para países productores como la Argentina.
Sin embargo, advirtieron que el principal desafío interno sigue siendo el marco regulatorio. La industria reclama una nueva ley de Biocombustibles basada en reglas de libre oferta y demanda, mayores porcentajes de mezcla obligatoria y previsibilidad para justificar inversiones de largo plazo.
“Necesitamos salir de una ley que yo la titulo como soviética, ya que es la única ley en el mundo, teniendo en cuenta 90 países que tienen cortes obligatorios de biocombustibles, que regula por mes quién puede producir, a qué precio y cuánto le tiene que comprar una petrolera”, se quejó Idígoras.
Actualmente, la Secretaría de Energía habilitó el uso de biodiésel en el transporte marítimo y fluvial, pero para expandir el mercado se requiere respaldo legislativo.
Las perspectivas de crecimiento son significativas, según Idígoras. El mercado global de SAF, que hoy demanda alrededor de 1,5 millones de toneladas de materias primas, podría alcanzar 14 millones de toneladas en 2030 y llegar a 460 millones de toneladas hacia 2050, cuando la aviación y el transporte marítimo busquen alcanzar los objetivos de neutralidad de carbono.
Según estimaciones del sector, la Argentina podría duplicar sus exportaciones agroindustriales en las próximas dos décadas si logra captar apenas el 10% de ese mercado. Los expositores señalaron que el mercado actual de SAF utiliza principalmente aceites y lípidos (grasas) como materia prima.
La Nación – Paula Urien