El especialista señaló que el comportamiento del clima depende de más variables que la temperatura del Pacífico. A esa circulación polar se suma una anomalía fría en el Atlántico, a la altura de la desembocadura del Río de la Plata, vinculada con la corriente de Malvinas, que tampoco favorece el aporte de humedad desde el océano.
Por eso, aunque hubo precipitaciones importantes en el extremo noreste argentino, algunos desarrollos significativos en la Patagonia y lluvias sobre el norte y centro de Buenos Aires, buena parte de la región pampeana continúa sin recibir el agua esperada.
La situación resulta llamativa porque, según los datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) citados en el informe, la anomalía de la temperatura superficial del Pacífico alcanzó los 2,2°C el 28 de septiembre, frente a los 1,8°C de un mes antes. Elorriaga indicó, además, que la atmósfera está acoplada al sistema oceánico desde agosto.
El fenómeno se modera
Mientras el calentamiento observado avanzó, las proyecciones sobre el pico que podría alcanzar el fenómeno se moderaron durante dos meses consecutivos. En los valores sin corrección estadística mencionados por el consultor, los modelos mostraban anomalías de hasta 4,26ºC en julio, alrededor de 4ºC en agosto y de 3,25ºC en septiembre.
Para las previsiones de lluvia del último trimestre, GEA había considerado los valores corregidos estadísticamente por la NOAA, que anticipaban un pico de 2,4ºC en diciembre. La última actualización redujo esa estimación a 2º.
Si esa tendencia se confirma, El Niño podría pasar de una intensidad muy fuerte al umbral de un evento fuerte. Elorriaga tampoco descartó una moderación mayor, aunque consideró que todavía es necesario esperar los nuevos datos medidos, cuya actualización se conocerá en los primeros días de octubre.
El consultor también advirtió sobre la interpretación de los indicadores a partir del cambio metodológico de la NOAA. “Podemos estar ante un número fuerte de calentamiento, pero que tenga un impacto reducido en Argentina, muy condicionado por otros forzantes”, explicó.
Ese escenario obligaría a revisar las estimaciones de lluvia. Las proyecciones utilizadas hasta ahora contemplaban acumulados que, en términos generales, superarían las medias históricas en un 30% en octubre, un 70% en noviembre y un 90% en diciembre. Si se confirman los nuevos valores, las precipitaciones seguirían por encima de lo habitual, pero podrían resultar significativamente menores a las calculadas.
Las dos caras de la moneda
Para el agro, esa corrección tiene dos caras. Por un lado, disminuiría el riesgo de excesos hídricos asociado a un fenómeno de gran intensidad. Por otro, la falta de lluvias que ya se observa genera preocupación por el trigo y por la continuidad de las siembras de maíz.
Elorriaga remarcó que el calentamiento del océano existe, la incertidumbre está en su impacto sobre las regiones productivas argentinas. Para que mejore el ingreso de humedad, señaló que debería ceder, entre otros factores, la persistente circulación polar que mantiene nevadas intensas en Neuquén cerca del comienzo de octubre. "Lo que necesitamos es que el Niño se comporte como un Niño", subrayó el consultor.
La actualización de los primeros días del mes será clave para precisar el escenario. Hasta entonces, el campo sigue pendiente de una respuesta que los indicadores del Pacífico todavía no ofrecen en los lotes: la llegada de las lluvias.
La Capital