Décadas más tarde, en 2022, las demandas de algunos de esos productores llevaron a conformar un grupo de Cambio Rural. Esa experiencia continuó luego como un espacio asociativo que actualmente reúne a unos 12 apicultores y también a una escuela técnica de San Carlos.
El grupo participa además de la organización de la Feria de la Miel, que ya tiene fecha para su próxima edición en mayo de 2027. Allí intervienen también la escuela técnica, el municipio de San Carlos y el INTA.
El ambiente de los Valles Calchaquíes aporta características propias a la producción. La abundancia de monte nativo permite obtener dos mieles diferentes según el momento de la temporada. La primera cosecha se realiza entre octubre y diciembre, dependiendo de las condiciones del año, y proviene principalmente del néctar de los algarrobos blanco y negro, además del chañar.
“Es una miel clara, bien clarita. Y con el tiempo se va cristalizando y se va poniendo cada vez más blanquita”, describió Lucas. Por su tendencia a cristalizar rápidamente, los productores procuran envasarla apenas se cosecha.
Luego llega una segunda tanda, que puede extenderse entre enero y marzo y corresponde a una miel multifloral. “Es una miel un poco más oscura. No es tan oscura como en la zona pampeana o en Entre Ríos. Son mieles suaves, no son mieles fuertes”, explicó.
Buena parte de esa producción ni siquiera necesita salir de los Valles Calchaquíes. “Se termina vendiendo toda la producción que los productores hacen a nivel local. Así que es una salida interesante en la zona”, afirmó el técnico.
Pero el grupo también trabaja puertas adentro de las colmenas. Las abejas presentes en la región tienen, según Díaz, una fuerte influencia de un biotipo africanizado y muestran un comportamiento más defensivo que las que habitualmente se encuentran en otras regiones productoras.
Lucas prefirió justamente hablar de abejas “defensivas” y no agresivas. “Nosotros vemos que no atacan, sino que se defienden cuando uno ingresa al apiario o interviene la colmena”, explicó.
Para disminuir esa característica, algunos productores comenzaron a incorporar otras líneas genéticas, entre ellas italianas, y a cruzarlas con las abejas locales. La intención no es reemplazar completamente el biotipo adaptado al Valle Calchaquí, sino conservarlo y hacerlo más manejable.
El procedimiento puede realizarse, por ejemplo, utilizando una reina de genética italiana que luego se fecunda con zánganos criollos. Algunos integrantes del grupo incorporaron reinas fecundadas y otros trabajan con celdas reales para producir nuevas reinas.
Los primeros resultados, aseguró Lucas, ya se notan. “Vemos que la carga defensiva bajó. Hoy pudimos abrir una colmena en un día nublado, cuando generalmente no es aconsejable, y estuvieron tranquilas”, destacó.
Así, entre el monte de algarrobos y chañares, las particularidades de las abejas locales y una demanda de miel que todavía tiene margen para crecer, el INTA encontró en la apicultura algo más que otra producción posible para San Carlos. “Lo que proponemos es el asociativismo como grupo, las cuestiones técnicas y promover que la gente se quede en el campo”, resumió Díaz.
Bichos de Campo