Hay que agregar que en este periodo el número de inmigrantes europeos que atrajo la Argentina fue superior al de EE.UU. en relación a la población originaria, mientras estuvo inmediatamente por debajo de la potencia estadounidense en lo que se refiere a la absorción de los capitales extranjeros.
Ahora Bunge en 2025 tramita las exportaciones de harina de soja argentina al mercado de la República Popular; y este es el principal producto industrial que la Argentina coloca en el exterior; y todo esto sucede cuando Javier Milei se ha convertido en el aliado prácticamente incondicional de EE.UU.
No hay, en síntesis, “Guerra Fría” de ningún tipo, y las posibilidades de comerciar y vender en un sistema mundial absolutamente integrado son hoy mayores que nunca; y es probable incluso que cuando un país del mundo se vincule estratégicamente más cerca de una de las dos superpotencias –como es el caso de la Argentina respecto a EE.UU.–, mayor atractivo comercial y económico tenga para la otra.
La clave de esta situación es advertir que en un sistema mundial plenamente integrado como es el actual, tiende a desaparecer hasta la noción del “adentro” y el “afuera”, y la categoría de la “dependencia” se convierte en un anacronismo irremisiblemente sumergido en el pasado.
Dos datos económicos que conviene retener: a) el precio de la harina de soja es más bajo en la Argentina que los de la producción china; y esto se debe a que la industria argentina es de superior productividad, lo que la convierte en la 1era del mundo; y b) China muestra un déficit persistente en la producción doméstica de soja y harina de soja, que es el principal insumo para alimentar a su población animal, lo que tiende a ampliarse año tras año, a medida que aumenta el PBI per cápita.
La República Popular crecería este año 5.5% del producto, y está en pleno proceso de transición entre 2 paradigmas históricos, que son el mayor sistema manufacturero del mundo y el mayor mercado de consumo del sistema mundial; y a medida que aumenta el consumo crece la demanda de alimentos, sobre todo los más sofisticados y de mayor valor agregado, que al mismo tiempo sean fieles a la búsqueda de una “vida buena”, claramente vinculada a la salud física y espiritual. En este aspecto crucial el agro argentino puede cumplir un papel absolutamente central.
Todo reside, en definitiva, en resolver la ecuación que establece que la alianza estratégica con EE.UU. y la cooperación e integración comercial y económica con China son amplia y profundamente compatibles; y sumarle a todo esto la necesidad de integrarse plenamente con las grandes cadenas transnacionales de producción, ante todo las alimentarias y preferentemente de origen argentino.
El autor es analista internacional
Rural – Clarín