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Sábado, 16 Agosto 2025 14:30

La Cuenca Lechera de la Argentina vuelve a ocupar un papel mundial

Por Jorge Castro.

Según FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) con sede en Roma, el precio de la manteca está en los niveles más altos de toda la historia desde que se llevan registros con un valor de U$S 7.200 por tonelada, lo que implica que ha aumentado más de 50% en los últimos dos años.

Esta situación adquiere características de crisis política en países extremadamente disímiles del sistema global.

Polonia, en pleno proceso electoral, vendió este año más 1.000 toneladas de sus reservas de manteca con precios subsidiados ante una situación en que su carencia se mostró como una auténtica emergencia nacional; y en Nueva Zelandia el ministro de finanzas Nicholas Willis exigió a Miles Hurrell, titular de Fonterra, la mayor empresa láctea del mundo de carácter cooperativo, que vendiera a precios reducidos una gran parte de su producción para permitir el consumo de este producto esencial en la dieta neozelandesa.

En Francia, donde el consumo de manteca es el primero del sistema global en términos per cápita, su creciente falta en el mercado ha desatado una verdadera alarma nacional.

El problema que muestra la manteca es el costo récord que ha adquirido su principal componente, que es la leche, y en general los productos lácteos.

Esto se debe a que el número de vacas lecheras se ha reducido aceleradamente en el mercado mundial, en donde ha decaído más de 10% en los últimos dos años; y esto se debe entre otras causas a una extraordinaria sequía en distintas partes del mundo.

De ahí que los cinco mayores proveedores de manteca del mundo – Unión Europea /EE.UU /Nueva Zelandia /la Argentina /Australia – crezcan en su producción menos de la mitad de un punto porcentual en 2025.

Esto ha perturbado a varias grandes industrias agroalimentarias, en primer lugar a los fabricantes de helados, luego a los productores de yogur, quesos y mantecas, en ese orden; y este virtual estancamiento tiene lugar cuando hay un vuelco del consumo hacia los alimentos naturales, en primer lugar la leche, y un alejamiento probablemente definitivo del consumo de los productos alimentarios de los laboratorios; y este verdadero cambio de época se muestra con nitidez en todos los grandes mercados de EE.UU, Oriente Medio, y Asia.

Todo esto sucede cuando hay una verdadera explosión de demanda de las proteínas del suero de leche que antes se destruían y se destinaban a los basurales, y ahora se han convertido, en no más de cinco años, en un negocio de más de U$S 10.000 millones anuales; y este fenómeno de nuevo tipo está claramente vinculado a la búsqueda de una “vida más saludable”, lo que constituye claramente una exigencia de la época, que comenzó en EE.UU, siguió en Europa y ahora ha alcanzada al Asia, especialmente centrada en la gigantesca clase media china, constituida por 500 millones de personas con ingresos comparables a los norteamericanos (U$S 35.000 /U$S 45.000 anuales).

La Argentina, que es la cuarta productora de lácteos del sistema mundial, tiene un protagonismo ineludible para satisfacer esta nueva demanda global, lo que exige apostar hoy más que nunca a la calidad de sus productos, la promoción de sus marcas, y un esfuerzo sistemático por vender en el exterior.

La cuestión es lograr que la producción láctea de la Argentina sea la Nº 1 del mundo en ciertos productos y marcas, apostando a la especialización y al renombre, porque este es el camino para el crecimiento económico, esto es la prosperidad, el gran objetivo argentino del siglo XXI.

Un papel central en este esfuerzo lo tienen los grandes centros de investigación y formación láctea situados en la gran Cuenca Lechera de Santa Fe, Córdoba – con eje en Villa María – y en la Provincia de Buenos Aires, donde se despliega esta actividad fundamental para el futuro argentino que es la industria láctea.

Lo que comenzó siendo la obra de unos “gringos” suizos/alemanes afincados en La Esperanza de Santa Fe, se dirige ahora hacia el mundo en la búsqueda de la prosperidad soñada por aquellos pioneros de la primera generación láctea de la “Pampa Gringa” cuando todo indica que se aproxima el momento de la verdad.

El autor es analista internacional

Rural – Clarín