Los daños aparecen como manchas lenticulares de color castaño-amarillento o amarillo limón, que en general comienzan en el tercio inferior de la planta. Con el avance de la enfermedad, las lesiones se expanden, adoptan color pajizo/necrótico y un halo clorótico definido. En ocasiones se observa una zona oscura al centro de la mancha con aspecto de “ojo”.
Esta enfermedad reduce la superficie fotosintética y puede comenzar desde etapas de macollaje, aunque el mayor riesgo ocurre cuando progresa hacia las hojas superiores en etapas de llenado. “Severidades mayores a 30-40% pueden ocasionar pérdidas de rendimiento de hasta 20%”, advierte Palacio.
Resistencias
Desde la REM advierten que la patología exige un manejo integrado que la aborde desde múltiples frentes. Algunos puntos a tener en cuenta:
Semillas de alta sanidad: arrancar con semillas libres de patógenos es el primer paso, ya que una vez en el lote, el inóculo es difícil de erradicar. Si se utiliza semilla propia, es fundamental realizar test de patología previo a la siembra
Elección de cultivares: optar por variedades con buen comportamiento sanitario frente a la enfermedad
Uso de fungicidas: aplicar productos específicos y en el momento adecuado, siendo imprescindible rotar modos de acción.
Control químico
En relación al control químico, la resistencia a fungicidas que presenta la enfermedad complica el panorama. Estudios revelaron que el 90% de los aislamientos de D. tritici-repentis poseen una mutación que le confiere resistencia cruzada a todas las estrobilurinas, quedando descartadas como opción de control.
En cuanto a los triazoles, si bien activos como el ciproconazole y el tebuconazole han bajado su eficiencia de control, aún existen otros triazoles efectivos. Finalmente, las carboxamidas, continúan siendo muy eficaces para el control de la enfermedad.
Desde la REM, advierten que es fundamental la gestión de los fungicidas se base en estrategias anti-resistencia, lo que incluye: monitoreo preventivo, aplicación en el momento óptimo, priorización de formulados con mezclas de activos de diferentes modos de acción y la rotación rigurosa de familias químicas.
Estas medidas, complementadas con el respeto a la dosis de marbete y la inclusión de compuestos alternativos (como multisitios o biofungicidas), son esenciales para reducir la presión de inóculo y sostener la eficacia de los fungicidas disponibles.
Agroclave – La Capital