Una cuestión de familia
Para Claudia, el trabajo en la huerta no sólo representa la mayor fuente de ingresos de la familia; sino sobre todo un oficio y un fuerte sentimiento de identidad. Un saber que le permitió criar seis hijos y que transmitió a Yanina, la más grande de las mujeres, que sigue sus pasos.
"Soy quintera desde hace 30 años. Mis hijos prácticamente se criaron en la quinta. Siempre me gustó trabajar la tierra, me da mucha alegría lo que hago. Pero ahora ya no trabajo para otros, trabajo para mí y las condiciones son mejores", destaca y Yanina completa la frase: "Ahora tenemos autonomía, trabajamos para nosotras mismas", dice con orgullo.
Ambas conocen con detalle cómo trabajar la tierra. Hablan del color negro y el olor húmedo de la "buena tierra", de los ciclos de cada planta y de sus propiedades medicinales: el ajenjo, poderoso antiparasitario; el boldo para favorecer la digestión o el romero para conservar la memoria.
Además de Claudia y Yanina, otras 9 personas explotan sus parcelas en el parque huerta de zona sudoeste. Todos reciben un cuadrante de tierra, capacitación y herramientas y ajustan su producción a las normas de la agroecología: aquellas que respetan los ciclos naturales de los cultivos, la asociación y rotación de plantas y el uso de abonos orgánicos y de fitoestimulantes.
Un programa salvavidas
El Programa de Agricultura Urbana del municipio cumplirá el año próximo 25 años. Nació en 2001, cuando Rosario, la tercera ciudad más poblada de Argentina, la tasa de desempleo alcanzó el 22,8; el nivel más alto en la historia de la ciudad hasta ese momento. Fue una respuesta a la crisis económica del último año del presidente Fernando de la Rúa y se mantuvo durante las distintas gestiones municipales.
El objetivo del programa es mejorar la calidad de vida de las personas garantizando el acceso a alimentos saludables, nutritivos y de calidad y recuperar terrenos ociosos para transformarlos en espacios verdes y sostenibles, imprescindibles en la lucha contra el cambio climático.
En la actualidad, de acuerdo a datos del municipio, el programa cuenta con 12 parques huerta y huertas comunitarias, 155 familias huerteras que aglutinan a 340 personas, el 75 por ciento mujeres, que explotan 25 hectáreas.
En condiciones ideales, en las huertas de la ciudad se pueden producir más de 650.000 kilos de verdura agroecológica al año. En 2024 de produjeron además 20 kilos de semillas, lo que representa que el programa es autosustentable, ya que se sostiene de su propia producción.
"El objetivo del programa es lograr la autonomía de las familias que participan. Muchas llegan después de perder su trabajo en el circuito formal y encuentran un espacio donde producir y comercializar", destaca Vanesa di Bene, subsecretaria de Economía Social de la Municipalidad de Rosario. Y Bárbara Pérez, coordinadora del área de Espacios Productivos agrega que este año se registró una mayor demanda de personas para sumarse al plan. "Sobre todo mujeres que están solas y son sostén de familia o de personas jubiladas que necesitan sumar ingresos".
Recuperar la tierra
Claudia nació en el delta del Paraná, se crio en la isla en medio de una familia de pescadores y cuidadores de ganado y llegó a vivir a Rosario muy joven, cuando hizo pareja y formó su propio hogar en el barrio de Tío Rolo, cuando todo el vecindario era una gran zona de quintas.
Cuando ingresó al Programa de Agricultura Urbana, el predio de la zona sudoeste era un gran terreno abandonado donde "no teníamos ni agua" recuerda. A fuerza de coraje, dice, empezaron a nivelar los terrenos y cultivar las verduras y hortalizas más resistentes, como zapallos o zapallitos. "Todo a pala, ni máquinas teníamos", recuerda Yanina.
Ahora en su parcela exhiben orgullosas las acelgas, verdeos, lechugas, alcaucil, radicheta y rúcula. Y otros cultivos que van probando, entre ellos unos cayotes, con semillas que trajeron del norte. Llegaron hasta allí después de pasar buenos años y otros de intensas lluvias donde perdieron toda la producción. La huerta es su lugar. "Mientras me de el espíritu no me saca nadie", repite Claudia. Y se va caminando, entre los surcos de la huerta, con una sonrisa.
La Capital – Carina Bazzoni