Es crucial mantener el foco de los biocombustibles porque sostiene la demanda del complejo oleaginoso.
No solo, se necesita de los Estados Unidos, también de China. Esta semana se realizó el China Agribusiness Day en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, con protagonistas de la actividad pública y privada. Según se estimó, “la Argentina podría incrementar sus exportaciones hasta 3000 millones de dólares anuales a China si avanza la agenda bilateral”. Soja y carne hoy concentran la mayor parte de los envíos.
La Argentina tiene una desventaja frente a otros países que comercian con el gigante asiático: al no tener un acuerdo comercial para reducir aranceles, gran parte de los productos que se envían a ese país ingresan con una tasa extra. Arándanos, maní y vinos son entre otros, exportaciones que están subutilizadas.
“Queremos importar muchos más productos con valor agregado”, dijo An Guanghui, consejero económico y comercial de la Embajada de China en la Argentina. Se sabe que los funcionarios chinos hablan poco en público, por lo cual se trata de un mensaje a tener muy en cuenta.
Pero China también ha elevado el piso de las exigencias sanitarias. “Hay que garantizar la trazabilidad completa desde el lote hasta el puerto, y compartirla”, explicó Gustavo Idígoras, presidente de CIARA-CEC, en el encuentro. Aunque con pocas compras, los mercados de maíz y trigo ya están abiertos. Cualquier traspié sanitario pondría en riesgo el acceso.
La genética en semillas es otra de las oportunidades abiertas. “La Argentina y China pueden producir semillas a contraestación. Eso nos permite tener materiales disponibles una temporada antes y eso es una herramienta fundamental”, explicó Manuel Chiappe, subsecretario de Producción Agropecuaria y Forestal.
Además de China, gigantes como India y los países del sudeste asiático representan destinos más que atractivos para la oferta exportable argentina. El crecimiento económico de esas naciones representó una mejora en el tipo de dieta de su población. Esto tiene un impacto más importante en las proteínas animales. Por ejemplo, la demanda por carne vacuna sigue en alza. Al contrario de lo que ciertos gurúes vaticinaban hace unos años respecto de que iba a decrecer el consumo de carne por la preferencia de los consumidores por supuestas opciones más saludables o decisiones de tipo ambiental, esta no para de crecer.
Hasta se llegó a hablar del potencial de la carne artificial. No hay más que observar la evolución de la acción del Nasdaq en el último año de Beyond Meat, una empresa que prometía un mundo sin carne: cayó 73,3 por ciento. Por supuesto que no hay que desconocer las preferencias de los consumidores y las nuevas tendencias del mercado, pero los pronósticos apresurados pueden llevar a un choque con la realidad.
Campo – La Nación – Cristian Mira