La caída del valor se explica por la impresionante oferta local y global, por la presión logística derivada del intenso flujo de camiones y por los fuertes diferenciales de proteína.
"Australia, principal proveedor en esta época del año, presenta volúmenes excepcionales, con una cosecha estimada 29% por encima del promedio de la última década. Aun así, mientras Australia consolida el precio FOB más alto entre los grandes exportadores, Argentina se ubica en el extremo opuesto, con valores que obligan a remontarse a enero de 2020 para encontrar registros tan bajos", sumó la entidad rosarina a su análisis.
“Estamos comenzando una nueva temporada con la expectativa de ubicar más de 15 y 16 millones de toneladas en el mundo, y que será clave observar el comportamiento de la calidad”, dijo por su parte a Clarín Rural Gustavo Idígoras, titular de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA) y el Centro Exportador de Cereales (CEC).
En este escenario se suma una novedad con fuerte peso estratégico: por primera vez en la historia, Argentina concretó negocios de trigo a China tras la habilitación sanitaria otorgada el año pasado.
China importa por año unos 12 millones de toneladas del cereal, principalmente a Australia y a Rusia —con quien tiene un acuerdo comercial de largo plazo— y en menor medida a Canadá y Francia. Argentina aspira a incorporarse a ese grupo.
Respecto a destinos complementarios, Idígoras recordó que Brasil sigue siendo el principal comprador, con entre 4 y 5 millones de toneladas anuales, y que Argentina debe colocar más de 10 millones de toneladas en el mercado internacional. Indonesia y Vietnam también se perfilan como destinos relevantes.
De todas maneras, advirtió que los primeros camiones provenientes del norte muestran una caída en los niveles de proteína y recordó que los contratos internacionales son exigentes en este aspecto.
Según detalló, algunos envíos han llegado por debajo de los estándares mínimos, lo que genera ajustes de precio significativos. Sin embargo, confía en que cuando ingresen los trigos de la zona núcleo, especialmente del centro-sur, la proteína mejore y se pueda cumplir con los parámetros internacionales.
Explicó que para exportar se requiere un mínimo de 11,5 % de proteína, un valor que es testeado por verificadores de los importadores directamente en origen.
En tanto, la Sociedad Rural Argentina (SRA) alertó que el avance de la cosecha vuelve a poner en evidencia problemas estructurales que afectan la competitividad: caminos rurales deteriorados, rutas saturadas y embotellamientos en los accesos a los puertos de Rosario.
La entidad reiteró su reclamo por la eliminación total de las retenciones, al considerarlas un impuesto distorsivo que desalienta inversión y frena el crecimiento productivo.
Al mismo tiempo, señaló que muchos productores están recibiendo descuentos por mala calidad, en un momento de precios internacionales a la baja, lo que obliga a definir estrategias comerciales cuidadosas.
Rural – Clarín – Esteban Fuentes