Hay quienes afirman que mientras persista una elevada presión tributaria como la actual, particularmente en soja, con Derechos de Exportación (DEX) al 24% (poroto), no se puede introducir una discusión como la de la propiedad intelectual. Es razonable el argumento, pero en algún momento hay que empezar. Y el atraso de más de 20 años en un sistema que otorgue garantías a todas las partes no ayuda.
Pero, así como a nivel nacional hay un sendero abierto para la baja de la presión impositiva y la desregulación, también las provincias y los municipios requieren ingresar en esa etapa. Las invenciones de tasas de combustible o aumentos de tasas viales que reflejan la contraprestación del cuidado de los caminos rurales, particularmente en la provincia de Buenos Aires, son dos factores críticos que deben terminarse. Para el ruralismo implica un desafío: es fundamental que los productores se acerquen a las sociedades o asociaciones rurales para ejercer un control público efectivo sobre concejales y funcionarios municipales.
El campo, a diferencia de otras actividades económicas, rara vez puede “mudarse” a otro distrito a producir si la presión tributaria local supera lo tolerable.
En una economía que, cada vez más, se acerca al alineamiento de los precios locales con los internacionales y que no dará pie a ganancias súbitas por saltos devaluatorios, todo metro que se gane en competitividad estructural debería traducirse en una mejora de ingresos. Esto será crucial, además, para mitigar posibles impactos negativos de los mercados globales cuando los precios caen. La actual campaña triguera que alcanzaría un volumen récord de 27,8 millones de toneladas según la última proyección de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, pero enfrenta un escenario de cotizaciones en baja es una muestra de que no conviene descuidar ningún flanco.
La ganadería también invita a enfocarse en solucionar los problemas estructurales. Con un panorama de precios favorable los temas por resolver tienen otro contexto. En su último informe semanal, el Rosgan puntualizó que “al analizar los valores de la hacienda en los últimos 20 años, se observan récords históricos en prácticamente todas las categorías. Medido en dólares, el precio del ternero de 160 a 180 kilos se ubica un 86% por encima del promedio del período 2005–2024; el del novillito liviano de hasta 390 kilos, un 56% por encima; y el del novillo, un 70% superior a dicho promedio”. Cuestiones como la informalidad, el doble estándar sanitario o la sanidad animal, entre otros, podrían abordarse con un mejor ánimo si la situación fuera de crisis. De continuar con este camino, la ganadería necesitará cada vez más el apoyo del sistema financiero para dar un salto productivo.
Las bases para crecer en el 2026 están presentadas.
Campo – La Nación – Cristian Mira