La historia argentina se puede resumir en estos términos: en 1869 (1er censo de la presidencia de Sarmiento) el país tenía 1.5 millones de habitantes, de los cuales 80% no sabían leer ni escribir, ni tenían oficio ni profesión conocida; y de pronto, en poco más de una generación, recibió 6 millones de inmigrantes europeos, y de ellos 2 millones volvieron a Europa, y quedaron 4. Esto significa que la Argentina como Nación se construyó sobre la base de 4 inmigrantes europeos por cada argentino originario.
Esta fue “la Nación que surgió de un inmenso desierto vacío abierto al mundo” dice Tulio Halperín Donghi; y el núcleo de esta hazaña histórica fue Santa Fe, corazón de la colonización agrícola de la “Pampa Gringa”, como señaló Ezequiel Gallo en su clásica obra “La Pampa Gringa: la colonización agrícola en Santa Fe (1870-1895)”.
Esta es la raíz de “Nueva Vicentín”, aliada ahora a Bunge y Cargill, convertidos en los principales canales para el comercio de granos con el sistema mundial.
El agro argentino produjo más de U$S 50.000 millones en bienes exportables en 2025; y todo indica que puede triplicar esa pujanza extraordinaria en los próximos 10/15 años.
Este es un mundo en expansión, como lo prueba lo que sucede con la economía norteamericana (U$S 28 billones/27% del PBI global), que ha comenzado a experimentar un boom económico de extraordinaria magnitud creado y arrastrado por la revolución tecnológica de la Inteligencia artificial; y ahora EE.UU ha elegido a la Argentina como su principal aliado en el Hemisferio Americano, designándola como el “campeón regional del Hemisferio”, y se propone integrarla a su economía a través de un boom de inversiones.
Lo mismo sucedía en 1880, cuando se fundó Bunge y Born en Buenos Aires; y en ese entonces el peso moneda nacional era plenamente convertible mediante el “gold standard” con la libra esterlina, la divisa mundial. En ese momento “la economía británica y la argentina eran las más simbióticas del mundo”, como advirtió H.S. Ferns en su perenne “Gran Bretaña y la Argentina en el siglo XIX”.
El cálculo que hay que hacer es que la Argentina puede triplicar su economía agroalimentaria en 2031/2035, para responder a una demanda global que se duplica en la próxima década.
El impulso fundamental de esta extraordinaria expansión son los 500 millones de chinos que se han incorporado a la nueva clase media con ingresos comparables a los estadounidenses (U$S 35.000/U$S 45.000 anuales).
Ezequiel Gallo subraya que los primeros colonos de “La Esperanza” escribieron a sus parientes del Piamonte que “…la tierra negra tiene aquí 2 metros de profundidad, (…y hay sol todo el año, con temperaturas templadas y abundancia de agua)”, y esto sucedía en un país libre, donde se podía trabajar y emprender.
“Nuevo Vicentín” no es una vuelta al pasado sino otra vez el camino al futuro, en una economía mundial que se expande.
Lo importante nunca se pierde.
El autor es analista internacional
Rural – Clarín