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Sábado, 25 Abril 2026 04:41

Apostó por una raza brasileña y en 5 años duplicó su rodeo, produce más y mejor leche e ingresó en el negocio de la carne

Para alcanzar el éxito en el campo argentino en estos días hay tres conceptos básicos que no pueden faltar: eficiencia, dedicación e innovación. Ningún cabo puede quedar suelto, ni detalle librado al azar. Quedarse quieto es perder el tiempo y dinero y si los resultados no llegan, hay que cambiar. Eso es transversal al complejo entramado de actividades que componen al agro, aquí y en el mundo.

Y cuando las soluciones no se encuentran puertas adentro, es necesario salir afuera. Y eso fue justamente lo que hizo Alfredo Trionfini, tambero y ganadero santafesino, que cuando vio que el estancamiento lo acechaba y los objetivos no se cumplían, decidió hacer una osada apuesta por lo exótico y, por lo pronto, eso le está pagando bien.

Trionfini comenzó con su emprendimiento tambero alquilando campos familiares en Esperanza en 1999. Allí, su rodeo era holstein americano, que después cruzó con jersey, dando lugar a la raza kiwi. Con ese biotipo trabajó por más de 15 años.

Pero por las características de su campo (a solo 20 metros sobre la superficie del mar y con suelos salitrosos), esta cruza estaba teniendo problemas.

“Nosotros veíamos que tenía algunas debilidades en muchas cuestiones”, indicó Trionfini a Clarín Rural.

“Los Jersey paren terneros muy chiquitos y además se les complicaba mucho con las bajas temperaturas. Teníamos mucha mortandad en la guachera, además de que son animales con bastantes problemas de patas”, indicó el especialista.

A esto se sumó que debían estacionalizar los partos, debido a que desde el ‘99 a la fecha - según explicó Trionfini -, los veranos se han alargado y las temperaturas han subido, estirando el ciclo de calor.

“Entonces ahí el biotipo de nuestra cruza se complicaba. Bajaban mucho las producciones: llegamos a un promedio de 7 litros en el verano, donde realmente nos complicaba un montón el esquema financiero del negocio”, detalló.

Otro tema a mejorar para Trionfini era el tema de las lactancias, esto es, la cantidad de partos por vaca: con las holstein tenía 2,5, mientras que las kiwi les daban 6. Esos números había que mejorarlos.

Además, sus incipientes planes ganaderos tampoco cerraban: “uno de los problemas de las kiwi es que no son carniceras y esto el mercado lo sabe, entonces los machos no valen nada: hay productores que los regalan o eliminan directamente y esto es mucho, porque normalmente la kiwi pare 50% machos y 50% hembras”.

A la búsqueda de una solución

Trionfini, titular mayoritario de la firma Los Luises SRL - su esposa posee un 5% - , se dio cuenta que debía pegar el tan mentado “salto de calidad”, para lograr una mayor y mejor producción, índices más altos de lactancias y también ir por el doble propósito: producir leche y carne.

Pero debido a las características de su campo, lo que debía buscar era rusticidad lechera. Y así fue como comenzó a mirar a Brasil y, allí, a una raza en particular: la girolando, una cruza creada en el país vecino, producto de la combinación de las razas holstein y gyr.

Esta raza, ampliamente distribuida en Brasil y que aporta una buena parte de su producción lechera, en Argentina era casi desconocida, exótica. Además, es una variedad pensada para la producción en zonas tropicales, por lo cual Esperanza - ubicada en el centro-este de Santa Fe, en plena cuenca lechera -, no parecía ser el lugar preciso para esa experimentación.

Pero eso no fue le que pensó Trionfini, que en 2015 emprendió un viaje a Uberlandia, en Brasil, que le cambiaría su realidad productiva.

“Fuimos a ver cómo eran los tambos, cómo funcionaban y cómo trabajaban. Y nos encontramos con una raza que venía muy bien y la podíamos adaptar a nuestra zona perfectamente, porque tiene autorregulación de la temperatura, tanto para el frío como para el calor”, comentó Trionfini.

Así, el productor se convenció que esa raza es la que debía cruzar con su rodeo kiwi, por lo que trajo semen, y tras algunas pruebas y errores, comenzó con su producción (con un esquema genético ⅝ girolando y ⅜ jersey). Y los resultados no tardaron en aparecer.

En lo que es producción de leche, pasó de un promedio de 16 litros a 20, con el objetivo de llegar a 24 litros. Pero la leche de esta raza tiene una característica que la distingue: la alta concentración de sólidos útiles, llegando a 9 (4,5 de grasa y 4,5 de proteína).

Otro tema es el de la lactancia: pasó de tener 6 lactancias o partos por vaca con las jersey, a hoy llevar 9 con la cruza girolando y esperando llegar al promedio de 15 que da la raza.

Además, registró un crecimiento exponencial de su stock: “cuando te empieza a dar terneros, es impresionante el crecimiento que tenés. Cuando metí todo girolando, en 5 años dupliqué el rodeo, sin comprar ninguna vaca. Empecé en el 2019 con 707 animales y hoy tengo 1.300, con doble propósito”.

En cuanto a la infraestructura con la que cuenta, Trionfini, que es integrante de la Sociedad Rural Las Colonias, coordinador de la Comisión de Lechería de Carsfe y participa en la de CRA fue claro: “es un tambo simple, a la vieja usanza, con base pastoril”.

Según relató, cuenta con 40 bajadas para ordeñe, con fosa, corral de espera, con enfriamiento a base de ventiladores con “nube de lluvia” y tanques enfriadores, bolleros, botones electrónicos, entre otros aspectos.

“Lo demás es todo a campo pastoril. Están a la intemperie los animales. Cuando se te viene un calorón siguen ahí, a la intemperie, comiendo a 42 o 43 grados. Van y vienen, caminan, no hay problema. También tengo bastante sombra natural en el campo y juego con pastura megatérmica”, agregó.

Trionfini hace dos ordeños por día y tacto todos los lunes. “Reproductivamente tenemos el 80% del rodeo preñado y este año voy a tener unos 600 partos. Las mortandades están abajo del 5% en peripartos y en desalojos estoy en el 4%. O sea, más o menos estoy en el 9%”, completó.

Carne

Pero como se dijo anteriormente, esto también se trata de un esquema de producción doble propósito: leche, pero también carne. Y es en este punto donde Trionfini también encontró una solución.

En su planteo productivo anterior de jersey, el productor realizó un ensayo para la producción de carne, convencido de que “los machos tienen que ser carniceros”.

Allí, los animales alcanzaban los 330 kilos y, a partir de ese momento, “se engrasa de una manera impresionante, lo que hace que el carnicero no tenga buenas piezas, justamente porque tiene mucha grasa”.

Pero esto, según Trionfini, cambia de manera radical con la incorporación de la genética girolando en la cruza: “un novillo de 490 kilos, me dio 8 kilos de grasa nada más. Es una raza que mete carne”.

Y estos resultados hicieron que ratifique su esquema doble propósito, sino que también apueste por la producción de animales más pesados. “Estoy vendiendo gordos hoy para consumo interno. Eso es a lo que llego financieramente. Primero vendía invernada, pero ahora estoy vendiendo gordo de consumo y lo vendo al gancho. La última venta la hice a $7.700 más IVA y me rindió el 58% del rendimiento”.

Trionfini asegura que este esquema le permite “generar un mes más de leche de facturación de carne. O sea, tener 13 meses de leche en vez de 12. Si yo con los 12 meses de leche puedo compensar los gastos y salir derecho, me quedaría un mes el 8,23% más para poder invertir. Y eso me lleva a ir creciendo despacito en mi esquema”.

“Hoy, vivir 100% de la lechería sin meterle ganadería en el medio, no se puede, perdés. No tener producción de carne es liquidarlo (al rodeo), porque en la reproducción se obtiene 50% machos y 50% hembras. El semen sexado te puede dar un 10% más de hembras, pero te quedan un 40% de machos, que si no los usás, es pérdida total”, aseguró Trionfini.

Es por eso que el productor entiende que a la lechería “hay que buscarle el lado carnicero para no perder”.

“Hoy, llevar una vaquillona a un parto, te sale más o menos US$ 300 de costo. Eso lo perdés todo si al macho lo sacrificás al nacer, o lo vendés a los dos o tres meses. Había un concepto de que el tambo era hembra y los machos los descartaban. Eso, para mí, desde la ética y desde el bienestar animal, me parece una locura”, concluyó.

Rural – Clarín – Juan Manuel Colombo