Hay un punto de inflexión en el proceso alimentario norteamericano, que coincide con la aprobación de la droga GLP-1, creada para perder peso, y que no tiene efectos secundarios, pero sí la necesidad de consumir dietas altamente proteínicas para retener la densidad muscular.
Este hecho ha desatado un verdadero frenesí cárnico en la primera economía del mundo, todo esto acompañado de un ingente consumo de huevos, lácteos y proteínas cárnicas.
Esta demanda extraordinaria coincide con la menor oferta de carne vacuna de los últimos 75 años, debido a que tiene lugar en medio de la mayor sequía de la historia norteamericana que abarca a los estados del Oeste, el Centro y el Sur, la zona ganadera estadounidense.
EE.UU. ha sido siempre, al menos desde la segunda Guerra Mundial, el mayor mercado de consumo de carne vacuna del mundo.
Esto ha hecho que JBS se transformara en sólo 70 años de un pequeño productor regional de Goiás en Brasil, en el principal productor de carne vacuna del mundo; y hoy la sede de los negocios de JBS no están solo en San Pablo sino también en Nueva York; y si bien cotiza en la bolsa paulista, también lo hace en Wall Street.
El objetivo ahora de los hermanos Batista (Wesley y Joesley) es que su extraordinario negocio JBS, logre los mismos niveles de productividad en Brasil que en EE.UU., una ardua tarea porque la productividad es la mitad, o menos, que la norteamericana; y para eso coloca el foco en una nutrición superior, de mayor calidad, y en una cría selectivamente inducida por los métodos científicos más avanzados.
En el mayor mercado del mundo, y el más competitivo, que es el norteamericano, es que han comenzado ahora a participar las carnes argentinas; y esto ha ocurrido a partir del salto cualitativo que significó la ampliación de la cuota argentina en el mercado estadounidense, que pasó de 20.000 toneladas anuales a 100.000 toneladas por año en 2026, lo que fue un resultado directo y excluyente del gobierno del presidente Donald Trump.
Es preciso comprender que el destino de las carnes argentinas está por fuera del cupo de 100.000 toneladas, y se dirige a las grandes cadenas de restaurantes de altos precios de carne vacuna; allí el costo de los productos es un problema menor porque lo que impera en todos los casos es la búsqueda de una calidad potencialmente superior.
Las carnes brasileñas pueden ocupar en EE.UU. un lugar de privilegio, pero no compiten con las carnes argentinas en el terreno de la superior calidad, que es un virtual monopolio de las mejores carnes del mundo, esto dicho con un sentido descriptivo y no altisonante.
Por eso es que hay que esperar ahora, con estas nuevas reglas de juego en el mayor mercado del mundo, que las carnes argentinas ocupen el primer lugar no sólo en EE.UU. sino también a escala global.
El autor es analista internacional
Rural – Clarín