Si la condición no se cumple con prevalencia en el tiempo, seguirán apareciendo las flaquezas del sistema, más allá de la necesidad de ampliar la conciencia sobre el uso de los recursos y el suelo, ya que ninguno de los dos es renovable en lapsos cortos.
Hoy, la idea de lograr un campo fértil compromete a varios actores: los que seleccionan semillas para el manejo de la genética, la agricultura digital, la inteligencia artificial, los drones, el manejo de datos en sistemas integrados y las prácticas tradicionales o básicas de cada establecimiento agropecuario.
Para Aapresid, en Argentina el suelo abunda y nos coloca como una de las pocas regiones que aún conservan ese privilegio. El sueño de la institución pasa por un incremento de la agricultura regenerativa en las provincias del país donde todavía no fue posible, y por una Patagonia verde que corone el proyecto y el anhelo de tanto tiempo.
Hay virtudes y errores. Una atención puesta en cambios vinculados a la fertilidad del suelo, la rotación que –por cuestiones económicas- no ha terminado con el monocultivo de soja, y los campos donde solo se prioriza el resultado y el margen anual por encima de un manejo sustentable.
El modelo no se negocia
El modelo de Siembra Directa no se negocia, manifestaron sus expertos, y resaltaron al suelo como el gran capital. “No creemos en la simplificación y los errores que genera volver a las labranzas. A veces, algunas prácticas generan un espejismo que puede dar resultados positivos los primeros meses o en una campaña, pero después termina siendo peor el remedio o la enfermedad”, sentenció el Ing. Tomás Oesterheld, vicepresidente de la asociación.
Al cierre, hizo un llamado a los productores y técnicos que no conocieron lo malo de las labranzas hace 30 años y el daño que se podría generar con su uso, aunque sea ocasional.
Acompañando los reclamos del suelo, hablaron de actuar para que cualquier nueva tecnología esté siempre encuadrada dentro de los parámetros que impone la sustentabilidad de lo que se haga y el límite de los recursos.
Agroclave – La Capital – Leonardo Stringaro