Chicharrita: creen que la plaga significará un “antes y un después” para el maíz
La expansión de la enfermedad Spiroplasma kunkelii transmitida por la chicharrita en zonas donde no era habitual se disparó en las últimas semanas y los reportes de productores sobre picos de severidad no paran de aumentar. Cada vez hay más maíces que muestran los signos de estar afectados por esta plaga, lo que resulta en una significativa caída en la producción. En el norte del país hay campos donde las pérdidas superan el 100% y los productores ya están hablando de una catástrofe. Además, en el centro del país los efectos también comienzan a ser graves. En este contexto, LA NACION conversó con empresas de semillas y de productos fitosanitarios para conocer sus estrategias para enfrentar la situación.
Ricardo Ortega, gerente de cultivos de maíz y girasol para Basf Argentina, señaló que ante este panorama se han intensificado los estudios para encontrar nuevas formas de combatir la enfermedad. “Estamos planificando varias estrategias en colaboración con diversas entidades para obtener más información y encontrar una solución lo antes posible”, comentó.
Señaló que actualmente en el mercado no existen productos registrados para combatir la enfermedad. “Están en fase experimental, entonces lo que se está haciendo es probar todos los diferentes manejos. El uso de terapéuticos, la elección de material, las fechas de siembra, entre otros”, dijo. “Hay que probar de todo porque nadie se hubiese imaginado que iba a explotar así, sobre todo en el centro del país”, agregó.
En rigor, antes esta enfermedad se presentaba en la Argentina en la zona subtropical debido a que su vector, la chicharrita, habita en regiones con temperaturas cálidas. Sin embargo, este año se está extendiendo hacia zonas de transición del área maicera y también a zonas templadas, donde es poco común en campañas tradicionales de maíz.
Para Ortega, la proliferación de esta enfermedad marca un “antes y un después” en las planificaciones de la campaña del cereal.
“Antes, a la hora de elegir un material solía primarse el rendimiento y se dejaba más de lado el aspecto sanitario porque en la balanza pesaba más, pero después de este año, no. Va a ser fundamental elegir un híbrido que no sea tan susceptible y resignar quizá un poco de rendimiento porque, al fin y al cabo, la balanza va a ser negativa en este caso”, señaló.
En la misma línea, Manuel Areco, gerente de Producto de Maíz de Bayer para la región de Conosur, enfatizó la importancia de un enfoque integral para el control de la enfermedad. Esto implica, dentro de la zona, reducir al máximo la presencia de hospederos, trabajar en rotaciones, concentrar las fechas de siembra, tener un buen manejo de plantas voluntarias y utilizar genotipos con buen nivel de tolerancia.
“También estamos enfocados y explorando alternativas en el control químico. Si bien no hay productos registrados al día de hoy en la Argentina, se están evaluando diferentes opciones tanto en tratamiento de semilla como aplicaciones foliares. Diferentes principios activos de insecticidas para tratar de controlar un poco las poblaciones del vector”, dijo.
Respecto de la investigación y desarrollo, indicó que la firma tiene un programa de mejoramiento específico en la región norte donde se introduce germoplasma exótico de otras regiones para asegurar buenos niveles de tolerancia y, a su vez, ensayos específicos donde se caracterizan todos los materiales templados.
En tanto, Julián Sudera, director de Marketing de Corteva, destacó la importancia del monitoreo y el control. “Estamos siguiendo el tema de cerca, evaluando la expansión inesperada, ya que era un complejo virósico concentrado en el norte argentino, y con focos muy marcados en algunas zonas. Seguiremos monitoreando los casos. En el norte ya había una cultura de manejo agronómico para esta virosis que es lo que vamos a evaluar para el resto de las zonas”, afirmó.
Además, recordó que el mejoramiento genético es un proceso de muchos años en el que se viene seleccionando materiales con características para este complejo virósico, pero también con otras necesidades puntuales de las zonas. “Es importante destacar que la genética no es el único componente de manejo de esta virosis. En zonas tropicales con alta incidencia queda demostrado que la genética es un componente más del manejo integrado”, concluyó.
Campo – La Nación – Pilar Vazquez