SUPLEMENTOS RURALES

Cómo evitar la pérdida de rinde en maíz en una campaña que promete humedad y enfermedades

Por Ignacio Erreguerena.

En la última campaña de maíz el estrés térmico y la sequía han significado una de las mayores limitantes del cultivo. A pesar de esto, en las regiones donde el cultivo logró un buen desarrollo las enfermedades de origen fúngico se destacaron como limitante biótica. En líneas generales la distribución e importancia de las diversas enfermedades varió de región en región dependiendo en gran medida de las condiciones ambientales, fechas de siembra y manejo agronómico en general (híbrido, fertilización, rotación de lotes, entre otras).

Las enfermedades más importantes en la última campaña de maíz fueron el tizón foliar común (TFC) (Exserohilum turcicum), la roya común (RC) (Puccinia sorghi) y la cercosporiosis (Cercospora zeae-maydis). Cabe destacar una gran prevalencia del carbón común (Ustilago maydis) relacionado a las condiciones de ambientes secos con altas temperaturas que favorecieron la infección y desarrollo del patógeno. Por otro lado, el carbón de la panoja (Sporisorium reilianum f sp zeae), cuya reemergencia fue reportada recientemente por los fitopatólogos Roberto de Rossi y Lucrecia Couretot (2021), entre otros, sigue aumentando su prevalencia por lo que será determinante la implementación de medidas tendientes a evitar su dispersión y a la acumulación de inóculo en los lotes.

Además de las enfermedades relevantes a las que se hizo mención, podemos nombrar también a la Roya polysora (Puccinia polysora), el complejo de pudriciones de tallo y espiga (Colletotrichum sp, Fusarium spp, Stenocarpella maydis entre otros), y aquellas provocadas por virus como por ejemplo el Mal de Río Cuarto y las bacteriosis.

Las zonas más afectadas

Las enfermedades de maíz suelen estar presentes en la mayoría de las regiones agroclimáticas donde se produce el cultivo, aunque el nivel de intensidad de éstas depende de las características ambientales y productivas que se presenten en cada región de campaña en campaña.

En el caso del TFC, la siembra en fechas más tardías de maíz en gran parte de la zona maicera ha favorecido su desarrollo (temperaturas templadas y largos periodos de mojado de hoja) siendo más importante en el centro-norte de la producción.

La RC si bien continúa siendo una de las enfermedades más prevalentes, principalmente la implementación de híbridos de buen comportamiento y las fechas de siembras tardías han provocado que los niveles de severidad se mantengan por debajo del 10%. El desarrollo de este patógeno se ve limitado por temperaturas altas (>32 °C) por lo que su intensidad tiende a ser mas baja en el centro norte de la producción. En las ultimas campañas la cercosporiosis se ha ido convirtiendo paulatinamente en una de las enfermedades foliares más importantes en la región del centro-norte de Córdoba. En contraste, en zonas como el norte de Buenos Aires se la observa en severidades bajas a moderadas.

En el caso de los carbones, el carbón común fue el de mayor distribución y el que generalmente se encuentra en todas las regiones productoras de maíz. En el sur de Buenos Aires se lo ha observado con gran incidencia desde estadíos tempranos afectando también hojas y tallos generalmente asociados a maíces con planteos de baja tecnología. En el caso del carbón de la panoja, si bien se encuentra “zonificado” en lotes al norte de Buenos Aires, sureste de Córdoba, San Luis y Santa Fe, será crucial seguir de cerca esta enfermedad y evitar su dispersión.

¿Qué esperar para la próxima campaña?

Dado que se pronostica una campaña con características de “año Niño”, las condiciones serían favorables tanto para el cultivo como para el desarrollo de enfermedades. En un contexto ambiental donde las precipitaciones y humedad relativa no serían limitantes las enfermedades podrán desarrollarse y dispersarse sin problemas generando los síntomas y signos que reducen el área fotosintética afectando a la producción de maíz. En este contexto el monitoreo temprano y asiduo del cultivo desde V6-V8 en adelante será de gran importancia para anticiparse a cualquiera de estas problemáticas u otras.

En el contexto de un manejo integrado de enfermedades podemos mencionar varias herramientas disponibles para el productor. La elección del híbrido a sembrar en base a su comportamiento a enfermedades es crucial para un buen manejo de las mismas incluso antes de la siembra. En el caso de la cercosporiosis, por su carácter de enfermedad emergente y regionalizada, la información del comportamiento de los híbridos es más limitada, aunque ya se cuenta con excelentes datos al respecto para las regiones más problemáticas.

La elección de lote es otra estrategia que puede contribuir a reducir o evitar el inóculo desde rastrojos de maíz y/o suelo (ej: TFC, Cercosporiosis, Carbón de la panoja). La protección química mediante el uso de fungicidas tanto aplicados a la semilla o de manera foliar ha demostrado dar muy buenos resultados cuando son basados en monitoreos asiduos, representativos y exhaustivos con criterios de toma de decisión probados. Por otro lado, es de gran importancia mantener una nutrición balanceada dado que los excesos (ej: nitrógeno) tienden a favorecer a los patógenos biótrofos (royas, carbones) y la escasez a patógenos necrotróficos (ej: complejo de pudriciones del tallo).

También es vital el buen manejo de malezas e insectos que puedan oficiar como fuentes de inóculo/vectores o provocar daños que sirvan como vía de entrada a diversos patógenos sobre todo a la espiga. Evitar el retraso de la cosecha es un factor a tener en cuenta para reducir la probabilidad del desarrollo de hongos en la espiga que afecten la calidad del grano. Considerar los pronósticos climáticos, sistemas de alarma y reportes sanitarios publicados por especialistas complementará a la integración de todas estas herramientas y otras para un manejo sanitario eficiente.

El autor es fitopatólogo del INTA Manfredi

Rural – Clarín