Con innovación buscan perforar los techos de rendimiento del maíz
El cultivo de maíz está sufriendo transformaciones importantes que buscan perforar los techos de rendimiento obtenidos con los modelos tradicionales. Estos cambios disruptivos irrumpen sin pedir permiso, de la mano de consultores, fabricantes de maquinaria agrícola, industria semillera y proveedores de fertilizantes para implementar esquemas que permiten llevarse puesta la frontera de 100qq/ha, a la que muchos productores comerciales aspiraban llegar hace algunos años. A continuación, algunos elementos que integran el nuevo paquete tecnológico empleado por productores de punta.
Producción por ambientes
“La agricultura de precisión permite mejorar el uso de los insumos agrícolas y saber en detalle lo que se hace dentro de cada lote”, define Gabriel Espósito, profesor de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad Nacional de Río Cuarto.
“Da la posibilidad de trabajar considerando la variabilidad del paisaje, la presencia o no de tosca, la profundidad de la napa y la vegetación preexistente en el lote, para analizar mapas de rendimiento y desarrollar prescripciones de manejo variable de cultivos, como fecha de siembra, genética, densidad y fertilización”, agrega.
“La Argentina es uno de los países con mayor experiencia en monitores de rendimiento, lo que permite censar las diferencias en tiempo real y geoposicionarlas. Con esta herramienta, nuestro país es uno de los que confecciona más mapas de rendimiento”, destaca Espósito.
Otros países, como Estados Unidos, tienen más experiencia en mapeo de suelos, mientras que Europa es fuerte en imágenes satelitales, por ejemplo. Tener muchos mapas de rendimiento en el país permite ver la variabilidad de ambientes dentro de los potreros. “Entonces, no tiene sentido poner la misma cantidad de semilla de maíz y/o de fertilizante en toda la extensión de lotes que son desparejos”, sostiene Espósito.
Pero a poco de analizar en detalle la técnica surgen preguntas: ¿se justifica económicamente la diferenciación por ambientes? ¿hay modelos que ayuden a determinar esquemas variables de uso de insumos? En varias instituciones y en la Universidad Nacional de Río Cuarto se trabajó mucho en estos temas y ya se han desarrollado modelos de fertilización variable para trigo, maíz y soja. También hay modelos para fechas de siembra variables, sobre todo para maíz.
“Con estos últimos, generalmente se asigna una fecha de siembra tardía para los ambientes más pobres y una temprana para los de mayor potencial, lo que permite medir diferencias de 100-200U$S/ha en el margen bruto respecto de la siembra sin diferenciación”, asegura el experto.
Por otro lado, en maíz combinar la densidad de siembra con la fertilización nitrogenada está teniendo mucha adopción en los campos que desarrollan agricultura de precisión. “Con un mapa de rendimiento se puede zonificar un lote y estimar un rendimiento posible de obtener en cada ambiente disponible”, apunta.
Definido eso, en función del híbrido por emplear, se ha detectado que, a la densidad de siembra óptima, que es la que maximiza el rendimiento, la producción por planta es constante: por ejemplo, alrededor de 150 gramos por planta, dependiendo de la genética empleada. Entonces, para alcanzar un rinde de 12.000kg/ha en un buen lote, habría que lograr 80.000 plantas por hectárea.
Una vez determinada la densidad óptima, hay que definir la dosis de nitrógeno por aplicar. Los requerimientos por planta son siempre los mismos a una densidad óptima. “Se deberían ofrecer, como guía, 2,5 gramos del elemento por planta lograda. Así, por ejemplo, con el cultivo de cinco-seis hojas, se puede hacer un monitoreo de suelo y se agrega lo suficiente para llegar a la dosis objetivo: para 80.000 plantas habría que contar con 200kg de nitrógeno total por hectárea”, calcula el técnico.
Corresponde aclarar que el dato de 2,5 gramos por planta es orientativo. Varía según el cultivo antecesor sea, por ejemplo, un maíz (se requieren 5-6 gramos de nitrógeno) o una vicia (1,5 g). En la práctica, lo descripto se implementa así: a la siembra se aplica una dosis de arranque de 40-50 kg/ha de nitrógeno y en V5-V6 y se hace la medición del suelo y se agrega lo necesario.
La justificación de este manejo se asocia al hecho de que el maíz necesita nitrógeno hasta finalizar el cultivo: de floración a madurez consume la mitad de la cantidad total. Si no se aporta al promediar el ciclo, las plantas reabsorben el nitrógeno de las hojas basales y se debilita la caña.
“No tienen que secarse las hojas inferiores ni el tallo del maíz por migración de nitrógeno porque en esa situación las plantas podrían quebrarse o volcarse”, advierte Espósito, quien ve que generalmente los productores aplican todo el nitrógeno a la siembra y se quedan cortos para satisfacer todos los requerimientos del maíz.
La agricultura de precisión está ocupando cada vez más lugar en la producción de granos en el Cono Sur. Es por eso que se está organizando el Congreso Latinoamericano de Agricultura de Precisión, que se desarrollará en Córdoba, los días 30 y 31 de marzo y 1 de abril de 2022, bajo el lema “Gestionando la variabilidad para una producción sustentable”.
Genética para distintas situaciones
En genética de maíz, también quedaron atrás los tiempos en los que el productor compraba el mismo híbrido para todo el campo. En la actualidad tiene delante una paleta que permite un sinnúmero de combinaciones entre el ambiente, la presencia de malezas resistentes a glifosato y las expectativas de rinde.
Por ejemplo, la industria semillera ofrece híbridos prolíficos o de gran espiga, que largan una segunda mazorca si las condiciones ambientales son favorables. Son útiles en los planteos que arrancan con baja densidad de siembra por perspectivas de una campaña seca y luego llueve normalmente, ante lo cual compensan desarrollando una segunda espiga.
También se ofrecen materiales con baterías de eventos. Por ejemplo, muchos híbridos incluyen el gen RR que los convierte en tolerantes a glifosato. Otros tienen el gen LL, por lo que resisten el glufosinato de amonio, útiles para controlar el yuyo colorado en post siembra. También se ha incluido al gen Haloxi, que permite el uso del graminicida Haloxifop, para controlar sorgo de Alepo resistente. Más recientemente apareció la tecnología Enlist, que permite hacer aplicaciones de 2,4 D sin efectos fitotóxicos sobre el maíz. Como se ve, esta diversidad genética permite controlar cada maleza resistente con el producto que corresponde combinando aplicaciones de pre y post emergencia.
Micronutrientes
La repetición de la agricultura de altos rendimientos en los mismos lotes a lo largo de muchos años va consumiendo el stock de nutrientes del suelo. En maíz, además de gran necesidad de fósforo, el zinc cobra una importancia relevante entre los micronutrientes. Hay una amplia zona de cultivo en la región núcleo que manifiesta deficiencias. “En Córdoba, el promedio de 50 lotes agrícolas dio 0,70 partes por millón de zinc, muy lejos de 1 ppm que se considera el umbral debajo del cual es conveniente fertilizar”, observa Espósito.
La deficiencia de zinc se manifiesta principalmente por estrías blancas a lo largo de las hojas del maíz. La forma correcta para evaluar la suficiencia de este nutriente es el análisis de suelo previo a la siembra y mediante la técnica DTPA en laboratorio.
Luego hay que establecer si se encuentra por debajo de su valor crítico; de ser necesario se justifica emplear un fertilizante arrancador que cuente con formas solubles de zinc, puesto que existen fuentes de baja solubilidad. La dosis empleada de arrancador no debería ser inferior a 800g/ha. Hay productos comerciales formulados que no resultan tóxicos durante el manipuleo. El costo aproximado puede llegar a 12U$S/ha.
La fertilización balanceada permite maximizar la eficiencia en el uso de agua y de los restantes nutrientes minimizando el impacto ambiental de la fertilización. Cuando no se realizan aplicaciones preventivas, se puede detectar la carencia mediante los síntomas visuales e intervenir con fertilizaciones foliares de zinc. Este nutriente requiere reposición anual porque, igual que el fósforo, hay un stock en el suelo que no se restablece espontáneamente.
Siembra de precisión
Precisión planting es un equipamiento comandado por una computadora que permite mayor eficiencia en la operación de implantación de un cultivo. Se adapta a la carcasa de cualquier modelo de sembradora comercial y permite hacer economías de semilla y fertilizante con aplicaciones variables. Monitorea en tiempo real la operación y agrega herramientas que mejoran el desempeño de distintos componentes de la sembradora.
Dentro de las posibilidades que ofrece figura, por ejemplo, la disposición de dos tolvas para almacenar semilla, lo que permite sembrar dos híbridos en el mismo lote o implantar maíz en la loma y soja en el bajo sin detenerse. También evita superposiciones de hileras en las cabeceras del lote, al interrumpir la distribución de semilla al llegar al primer surco. Así, ahorra uno de los insumos más costosos de la siembra de maíz, que es la semilla y asegura la población adecuada.
Precisión planting también facilita el control de la calidad del trabajo, al dejar grabada la velocidad de avance en la sembradora, un parámetro que puede ser monitoreado a distancia a través de un smartphone. También mide el espaciamiento entre plantas y detecta semillas dobles en tiempo real pasando información online al teléfono, un control que antes se realizaba recién con el cultivo nacido.
Tiene sensores de salto de los cuerpos y de color de la tierra, lo que permite aumentar la densidad de siembra ante tonalidades más oscuras. También evalúa el contenido de humedad del suelo e incrementa la profundidad de siembra en condiciones de sequía.
Campo – La Nación – Carlos Marin Moreno