SUPLEMENTOS RURALES

Cultivos. Con una mirada integral para la sanidad del trigo y de la cebada

Por Esteban Bilbao.

Gestionar los cultivos, con la influencia de la biología presente, las condiciones meteorológicas, económicas, psicológicas y sociales es difícil y complejo, pero construyendo conocimiento en base a la información que se va generando desde la ciencia, investigando en busca de respuestas a las nuevas preguntas que van surgiendo e interactuando con los diferentes actores del medio se hace lo mejor que se puede y se sigue evolucionando. Pero a veces…a veces se hace muy difícil cuando mete la pata la política. Lo vemos en estas semanas cuando faltan fungicidas para el trigo y la cebada por las restricciones cambiarias.

El manejo sanitario de cultivos como el trigo y la cebada lo debemos ver con una mirada integral desde el momento que planeamos una rotación en un ambiente determinado, no solamente quedar en la simplificación de monitoreo, presencia de enfermedad, umbral, cultivo susceptible y aplicación de fungicidas (lo cual si se hace un monitoreo profesional ya es un gran paso).

Entonces, ¿cuáles son los puntos a contemplar para un mejor manejo y ralentizar el avance de las resistencias?

  • El ambiente en el que nos situamos, tanto por el lado del suelo (microbiología, fertilidad, hongos patógenos de suelo) como el del clima (condiciones favorables para las enfermedades).
  • La rotación a plantear, cuantos más años y cultivos pasen entre la siembra de un cultivo y la siguiente siembra del mismo cultivo mejor, mejor aún si pudiera ser una rotación con pasturas. Hay zonas, como el sudeste de Buenos Aires, en las cuales por bajas temperaturas los rastrojos se van degradando, pero tres a cuatro años después se sigue observando restos en superficie (por supuesto, hablando en sistemas con siembra directa). Este punto, que deberíamos poder manejar 100% desde la técnica termina muy afectado e influenciado por cuestiones económicas (precios, márgenes, etc.) y políticas (restricciones de comercialización, retenciones, etc.). En el sudeste de Buenos Aires en rotaciones agrícolas este año tenemos situaciones con 10% de trigo, 32% de cebada, 34% de girasol, 20% de maíz y 4% de soja de primera, como podemos ver hay situaciones con trigo y cebada con antecesor trigo, cebada o maíz, lo cual nos lleva a tener que ajustar el manejo, sobre todo nutricional y sanitario.
  • La elección del material genético, el cual suele estar muy influenciado por el factor potencial de rendimiento, luego calidad y por último comportamiento sanitario (por supuesto que hay excepciones en las cuales estos factores se combinan mejor). En el sudeste de Buenos Aires estamos sembrando el 70% de la superficie de trigo con variedades muy susceptibles a mancha amarilla y al menos un 75% de las variedades de cebada muy susceptibles a las manchas que la afectan (mancha en red, escaldadura y ni hablar ramularia). Precisamos que se sigan mejorando las variedades y que se logre un mejor comportamiento sanitario a las enfermedades presentes.
  • El análisis sanitario de la semilla a utilizar, para poder impedir el ingreso de nuevos patógenos en la semilla, pero también para poder elegir bien los curasemillas a utilizar en función de las enfermedades que tenga la semillla. Y no nos olvidemos de hacer un buen tratamiento de semilla, ya que muchas veces no se hace un buen “curado” y el producto queda mal distribuido.

Todo esto ya está jugado esta campaña para el trigo y la cebada, tomemos nota para seguir mejorando. Pero… ¿qué está pasando ahora?

  • Planificamos una nutrición balanceada de los cultivos, con base en un análisis de suelo, y luego llevarla a cabo en los momentos adecuados, con productos eficientes y bien aplicados (¡para esto debemos evaluar y calibrar la maquinaria!). Recordemos que esto, además de en el rendimiento y la calidad del producto, influye en el comportamiento del cultivo ante el ataque de enfermedades.
  • Seguir realizando un monitoreo de forma profesional, ajustándolo a cada realidad, pero basado en el conocimiento del ambiente, del cultivo, de las enfermedades y de las herramientas disponibles para manejar todo esto. Esto significa dedicarle el tiempo necesario, ni más, ni menos. Y si tenemos dudas… ¡consultemos a especialistas y llevemos muestras al laboratorio!
  • Utilizar los umbrales de acción definidos para la toma de decisiones y ajustándolos a la realidad productiva en cuestión. Es malo adelantarse y realizar un control “por las dudas”, es malo atrasarse y realizar un control ineficiente, recordemos que el control de enfermedades suele no ser del 100% (sobre todo en manchas) y si cuando aplicamos hay mucha enfermedad, el remanente que sobreviva va a ser mucho.

El autor es ingeniero agrónomo y asesor de Agroestudio Viento Sur SRL

Campo – La Nación