SUPLEMENTOS RURALES

Especial maíz. Hacia dónde va la genética maicera en Argentina

El cultivo de maíz históricamente se ha caracterizado por la continua incorporación de tecnología a los cultivares sembrados. Y este mismo fue el espíritu cuando la Asociación de Cooperativas Argentinas inició el programa de mejoramiento genético hace más de 30 años. Con el principal objetivo de proveer a sus cooperadores de cultivares competitivos, en 1987 el programa liderado por el Ing. José María Troncoso inscribió el primer cultivar híbrido: un híbrido doble que representaba sin duda una adelanto tecnológico en contraste a las variedades de polinización abierta difundidas en el campo argentino.

Mucho ha cambiado desde aquellos tiempos aunque la intención de incorporar continuamente nuevas tecnologías se mantiene. Marcado por grandes avances a lo largo del tiempo en el área del mejoramiento, el programa ha cambiado hoy su estructura y se encuentra continuamente evaluando alternativas y herramientas para lograr mejores híbridos, más rápidamente.

A grandes rasgos existen 4 grandes subprogramas. Tres de ellos se encuentran destinados al desarrollo de cultivares con distintos objetivos: maíces de alto potencial de rendimiento, maíces de calidad diferenciada y maíces con valor ganadero. El área restante se encuentra destinada a la rápida incorporación de caracteres de interés, como resistencia a insectos y herbicidas, y es clave para articular la genética y biotecnología, logrando llegar a los productores con la mejor combinación posible.

El desarrollo de híbridos de alto rendimiento constituye, en cierta forma, una carrera contra el tiempo. En ese sentido, la optimización de los procesos mediante el uso de sembradoras automatizadas y asistidas con GPS, como también cosechadoras con sistemas de medición, permite evaluar mayor cantidad de nuevos candidatos, más rápido. Las herramientas digitales de captura de datos también contribuyen a mejorar la calidad, velocidad de registro y el resguardo de la información.

El avance acelerado de las generaciones se ha vuelto una parte fundamental, por lo que se ha trabajado en estrategias de siembras de invierno en nuestro país, en lugares de contraestación en el hemisferio norte y en optimizar el cultivo de maíz en invernaderos en nuestro campo experimental, incorporando más automatización y regulación de las condiciones de crecimiento. De la misma forma, se ha puesto a punto la aplicación de técnicas específicas como el rescate de embriones y la obtención de haploides duplicados, que pueden sumar eficiencia al desarrollo de nuevas líneas de maíz.

La mejora genética de maíz con objetivos de calidad de grano implica un doble desafío. Al objetivo central de rendimiento se suma la selección por caracteres físicos, químicos y de arquitectura de grano, que permiten satisfacer la demanda de cada industria. La amplia base de germoplasma y la disponibilidad de equipamiento que predicen en minutos estas variables es un pilar fundamental de este programa. La obtención de híbridos flint o plata, con destino a la industria de molienda seca, continúa en desarrollo desde la misma fundación del Criadero de Semillas Híbridas, contando con 7 genotipos liberados al mercado para este fin.

La demanda de esta industria agrega, además, el control riguroso de la presencia se organismos genéticamente modificados, que se desarrolla en una estrategia conjunta entre el Laboratorio Biotecnológico propio de ACA y terceros que auditan y analizan distintas partes del proceso. Otro objetivo relacionado a la calidad de grano es el logro de maíces con alto rendimiento para la industria de etanol, orientado específicamente a la actividad de ACABIO. Todos los años se analizan más de mil muestras obtenidas en ensayos en distintas partes del país en busca de caracterizar el valor de la genética y su interacción con el ambiente, tratando de potenciar al máximo la calidad de grano para la producción de alcohol.

Un programa de menor tamaño pero no menor importancia es el de maíz de Valor Ganadero. Desde hace años, ACA ha puesto el foco en la ganadería, creando de hecho la marca Valor Ganadero para caracterizar y resaltar productos que agregan, redundantemente, valor a la alimentación y bienestar de los animales. Desde el programa de maíz se realiza un esfuerzo para lograr híbridos que representen adecuadamente a esta marca. Mediante la colaboración con distintas empresas e instituciones, nos ha sido posible lograr la caracterización de híbridos que tanto por su producción, calidad y atributos específicos, como la ventana de picado, son ideales para la producción de silo en los establecimientos ganaderos tanto de Argentina como de Uruguay.

Finalmente, el programa de introgresión de traits tiene por objetivo incorporar al germoplasma de ACA caracteres específicos de resistencia a herbicidas, insectos y enfermedades, entre otros. Sin duda constituye el área de mayor crecimiento en los últimos 5 años dentro de las actividades de maíz, y es la más intensa aplicación de tecnología. Mediante el uso de marcadores moleculares y fenotípicos, cada línea de interés incorpora vía un donante el atributo deseado. Luego a través de las generaciones, la selección asistida nos permite generar una línea idéntica a la original pero que incluye la modificación objetivo. La gran dinámica de aparición de malezas e insectos resistentes tiene un correlato con la dinámica y complejidad de introgresión de tecnología en el germoplasma, por lo que continuamente se encuentra en revisión la estrategia que aplica a esta área. De esta forma, se espera no sólo lograr la mejor combinación genética posible, sino que la misma sea portadora de la resistencia a insectos, herbicidas y enfermedades que nuestros productores necesitan.

Rural – Clarín