SUPLEMENTOS RURALES

Especial Soja. Campaña 2023/2024. La hora de la recuperación

La campaña 22/23 es considerada una de las más difíciles de todos los tiempos. La persistencia del fenómeno de la Niña dejó los perfiles hídricos en niveles históricamente bajos. Pero a la espera de un año Niño y la llegada de buenas precipitaciones, la soja va por la revancha.

“La situación es muy compleja; los perfiles están con reservas cercanas al 30% de agua útil y el maíz tardío, que creció en superficie por la sequía, terminó de consumir agua recién en mayo”, describe Luciano Ascheri, asesor privado de empresas.

Según el especialista, el ciclo 23/24 arrancará con perfiles todavía más bajos que la última campaña. “La situación es de las peores, pero tenemos una promesa de Niño que trae la esperanza de que lloverá más que el año pasado, aunque no sabemos ni cuándo ni cuánto. La realidad es que estamos mal, pero con la promesa de que estaremos mejor, casi como un slogan político”, bromea.

De un diagnóstico similar parte Diego Pérez, asesor de los grupos CREA Las Petas y Gálvez (centro de Santa Fe). “Los rendimientos de la campaña pasada fueron catastróficos, con promedios de cinco quintales de soja por hectárea, por debajo incluso de campañas muy malas como la 95/96 y 96/97.

Pero con un escenario Niño, las expectativas son buenísimas”, se entusiasma.

No obstante, el nuevo ciclo requerirá estrategias de manejo agronómico muy acertadas para empezar a recuperar, en parte, el desastre de la campaña pasada. ¿Cuáles son las claves para dar vuelta la goleada en la revancha?

Para Ascheri, aún “no hemos salido de la sequía, aunque tengamos promesas de lluvia”. Según el asesor, la siembra de soja requiere un consumo de 600 milímetros de agua para obtener rindes promedios de 40 quintales. “El suelo está con perfiles cercanos a 0 o 50 milímetros y se necesitan lluvias que recarguen esa cantidad para que el productor pueda pagar sus costos”, remarca.

Entonces, ¿cuál es la estrategia? Esperar, luego decidir. “Hay que esperar a octubre y darle tiempo a que las lluvias lleguen; que se produzca una recarga de por lo menos 100 o 150 milímetros para arrancar con un perfil más razonable. Después, analizar cómo viene el pronóstico de lluvia más cercano a la fecha de siembra y ahí sí, tomar la decisión de sembrar o no. Si no llegan las lluvias en tiempo y forma, si no se logra una recarga del 60 o 70 por ciento del perfil, sembrar es extremadamente riesgoso”, advierte.

Más que nunca, hay que suplir la falta de agua con eficiencia en el manejo de los recursos. Es fundamental generar las mejores condiciones necesarias para que el cultivo sufra lo menos posible el estrés hídrico. Con la reducción del área de trigo por la sequía, hacer una fertilización balanceada con fósforo y azufre es clave.

“En primer lugar, hay que saber exactamente el nivel hídrico del lote y hacer un análisis de suelo para determinar qué nutrientes se deben agregar. Los lotes que salen de maíz tardío y van a soja de primera llevan entre 18 y 22 kilos de fósforo (equivalentes a 100 kg ha-1 de fosfato monoamónico) y se agrega azufre y calcio”, específica Pérez. En tanto que los lotes que van a soja de primera arriba de los cultivos de servicio “ya están fertilizados por los propios cultivos de servicio, que son un fertilizante residual”, explica.

No obstante, advierte que los cultivos de cobertura deben dejar de consumir agua entre el 10 de agosto y el 10 de septiembre con el objetivo de que los lotes acumulen reservas durante la mitad de septiembre y todo octubre. “Ahí se siembra la soja de primera hasta el 20 de noviembre, y después la soja de segunda, que arranca inmediatamente luego de la cosecha de trigo, a partir del 15 de noviembre”, agrega.

En cuanto al manejo de malezas, los especialistas coinciden en que el lote debe estar limpio de malezas resistentes antes de la siembra y prestar especial atención a rama negra (Conyza spp) y yuyo colorado (Amaranthus spp) antes de la siembra. Ya en la etapa de cultivo, el foco debe estar puesto en Amaranthus y gramíneas resistentes, como Echinochloa, Eleusine y Sorgo de Alepo. Para eso, “la tecnología Enlist es una excelente herramienta y los graminicidas como Cletodim, dim y fop para el control de malezas”, remarca Ascheri.

Otro tip de los expertos es aumentar la densidad de siembra por lo menos entre un 15 y 20%, si se demora la implantación. Eso sirve para compensar el atraso en la fecha de siembra para que la planta tenga más crecimiento desde el momento en que se implanta.

El pasaje de años Niña a uno Niño implicaría cambiar el foco de plagas y enfermedades. Las típicas plagas de sequía, como trips y arañuelas, tendrían menos incidencias, pero crecería la aparición de enfermedades foliares por el aumento de las lluvias y la humedad.

Campo – La Nación