SUPLEMENTOS RURALES

Especial Soja. Semillas. El mejoramiento genético pisó el acelerador

Cuando el productor siembra una semilla está sembrando innovación, años de mejoramiento genético e investigación, horas de análisis de datos e información, inteligencia artificial y un sinfín de procesos y tecnologías aplicadas. “Como sucede con un celular o un software, se debe reconocer y valorar su propiedad intelectual. De ello depende el futuro de las inversiones que permitan obtener más y mejores variedades de soja, como también tecnologías que maximicen su productividad”, sostiene Gabino Seárez, presidente de la Asociación de Fitomejoradores e Investigadores en Soja de la Argentina (Prosoja).

Seárez detalla algunos de los avances que ha tenido la industria de las semillas en los últimos años y sostiene que el mejoramiento genético continúa siendo uno de los pilares fundamentales para el aumento del rendimiento. Hoy existen tecnologías que permiten lograr una nueva variedad en cuatro o cinco años, la mitad de tiempo que hace una década atrás. El desarrollo de plataformas de mejoramiento genético predictivo que identifican tempranamente no solo las combinaciones más adecuadas, sino también la selección de los mejores individuos que se convertirán en futuras variedades, es otra de las novedosas herramientas que están contribuyendo al aumento de la ganancia genética.

La irrupción de la edición génica también está abriendo nuevas oportunidades. La técnica posibilita realizar modificaciones del ADN de una forma eficiente y precisa, permitiendo generar nuevas características tales como tolerancias a herbicidas, resistencias a enfermedades o mejorar aspectos nutricionales del grano. Incluso, sin dudas permitirá poder ampliar el conocimiento y explorar mejoras en una de las características más complejas como es la expresión del rendimiento.

A todo esto se suma el aporte de los drones y robots autónomos que ya es común ver en los campos recopilando millones de datos, del suelo, del clima y de la expresión fisiológica y productiva de las variedades. Esta base de información, luego de su análisis mediante la ayuda de herramientas de inteligencia artificial, alimenta los algoritmos que permiten interpretar y predecir el comportamiento de cada variedad ante un determinado ambiente.

“La profundidad de conocimiento que se consigue tanto del ambiente como del comportamiento de las variedades y de la interacción genotipo por ambiente es de tal magnitud, que debemos comenzar a abandonar la idea de manejo a nivel de lote por una mirada mucho más centrada en el manejo intra lote o sitio específico de acuerdo a las posibilidades que nos brinda el ambiente”, describe Seárez. En su opinión, hoy el productor tiene la posibilidad de acceder fácilmente a herramientas digitales que brindan no sólo la mejor recomendación sobre qué variedad sembrar, sino también cuál es la fecha de siembra adecuada para lograr los mejores resultados productivos. Y, seguramente, al igual que ya sucede en maíz, en breve se podrá acceder a recomendaciones de densidad y fertilización variable en pos de aumentar aún más el rendimiento.

“La implementación de estas prácticas de recomendación nos permite hacer un uso más eficiente y sustentable de los recursos, permitiéndonos alcanzar a campo resultados que ya evidencian entre un 5% a 8% más de rinde en comparación con la forma tradicional”, dice el técnico.

También hay novedades en calidad de semillas. Hoy el tratamiento profesional permite adicionar un paquete de productos innovadores que mejoran y aseguran significativamente la implantación del cultivo. En la actualidad se cuenta con nuevos productos larga vida que permiten anticipar el tratamiento 30, 60 o incluso más días antes de la siembra sin perder su efectividad.

“Si bien es claro el aporte que la industria semillera viene realizando en cuanto a innovaciones tecnológicas se refiere, el nivel de inversión que se aplica en Argentina está muy por debajo de Brasil y Estados Unidos. En Brasil los productores tienen acceso a seis eventos tecnológicos con diferentes opciones herbicidas y de tolerancia a insectos. En Estados Unidos se ha lanzado una docena de eventos y en este momento los farmers cuentan más de ocho tecnologías disponibles. En Argentina, tan sólo hay tres eventos, de los cuales uno posee más de 25 años en el mercado”, argumenta el presidente de Prosoja.

La falta de un marco regulatorio que garantice el reconocimiento a la propiedad intelectual, tanto de las tecnologías como también del germoplasma que conforma cada una de las variedades, es sin dudas una de las grandes razones que explican este retraso. “Mientras en otros países el reconocimiento se encuentra por encima del 60%, hasta incluso más del 80%, Argentina registra un alarmante 30%”, puntualiza Seárez.

Campo – La Nación