SUPLEMENTOS RURALES

Fertilización granos gruesos. Un pilar indispensable para la producción de alimentos

Por María F. González Sanjuan.

El consumo de fertilizantes en Argentina superó en la última campaña agrícola (2020/21) los 5 millones de toneladas, completando 5 años de crecimiento ininterrumpido, de acuerdo a estadísticas que relevamos desde Fertilizar Asociación Civil. La razón principal es que en la llamada región agrícola núcleo, la superficie implantada con gramíneas (maíz, trigo y cebada) aumentó más del 45% desde el 2014, mientras que la de oleaginosas (soja) cayó en el orden del 20%. Así es que cerca del 56% de los fertilizantes aplicados en la última campaña fueron nitrogenados. En cuanto al fósforo (P), hubo una recuperación importante, llegando a aportar cerca del 70% de las extracciones. Pero aún no sucede lo mismo con el azufre (S) que, siendo un nutriente que se requiere en cantidades importantes, no logra instalarse a las dosis apropiadas. En el caso del potasio (K) se está notando un aumento en las aplicaciones en el Litoral argentino, donde empezaron a observarse deficiencias.

Otro motivo que explicó el aumento del consumo de fertilizantes fue el deterioro de la reserva de nutrientes propia de cada suelo. Venimos sosteniendo balances negativos históricos, que han diezmado ese “reservorio natural” y es a través de la fertilización, que podemos mejorar esa disponibilidad de nutrientes requerida por los cultivos.

Hay un aspecto no menor a considerar en este escenario de consumo de fertilizantes y es que la relación de precios fue muy favorable en los últimos años y eso mejoró las estrategias de manejo y las dosis aplicadas. En la actualidad, si bien los precios de los fertilizantes han aumentado, esto sucede acompañando la suba de los granos. Lo que hace necesario recalcular este indicador para que, junto con el análisis de los aumentos de rendimiento que genera, entender que aún en el escenario actual, la fertilización sigue siendo rentable.

En nuestra principal región agrícola, y de acuerdo a los resultados logrados en la Red de Ensayos que desde 2014 realizamos en Fertilizar Asociación Civil junto con el INTA y otras instituciones, la tecnología de la fertilización explica el 26 % de la producción de granos. De esta misma Red, surge que, aquellos productores que logran un manejo basado en la “fertilización balanceada”, haciendo ajustes con nitrógeno (N), fósforo (P), azufre (S) y micronutrientes, pueden incrementar los rendimientos más de 16% respecto del promedio de esta misma región.

Entre esos resultados, por ejemplo, el productor de trigo que hizo una fertilización básica obtuvo 27% más de rindes que uno que no fertilizó, pero hubiera ganado 20% más con una fertilización balanceada.

En maíz, el productor que aplicó nutrientes ganó 22% respecto del que no lo hizo, pero pudo haber ganado 1.700 kg más con un manejo ajustado.

En el caso de la soja, se derribó el mito que postula que la oleaginosa no responde a la fertilización, pero esto no es suficiente para que el aporte de nutrientes vía fertilización, sea el adecuado. La estrategia del simple arrancador de fósforo es insuficiente. Hoy, corrigiendo ese aporte de fósforo por encima de los 25 kg de fósforo/ha y con aportes de azufre y micronutrientes, se puede ganar 15% en promedio, es decir, alrededor de 630 kg de soja por hectárea.

Hay que avanzar hacia las buenas prácticas de fertilización, que pasan por establecer las dosis y el tipo de nutrientes en función del diagnóstico y la expectativa de rendimientos alcanzables. Y la decisión del momento y el lugar en donde se van a aplicar los fertilizantes completan los criterios básicos de estas prácticas.

Más allá de la coyuntura y de los factores que pueden llegar a impactar en las perspectivas de cada campaña, la nutrición de los cultivos como herramienta tecnológica ha demostrado aportar certidumbre a la producción y representa una práctica rentable, no sólo desde el punto de vista del negocio, sino pensando en un objetivo de mediano y largo plazo: la preservación del recurso suelo y el logro de una producción sostenible.

La autora es gerenta ejecutiva Fertilizar AC

Rural – Clarín