SUPLEMENTOS RURALES

Ganadería sostenible. Entre la realidad, el potencial y las oportunidades de mejora frente a una demanda exigente

La contribución de la ganadería a la emisión de gases de efecto invernadero, que aceleran el cambio climático, está en el foco de la atención pública. Esta semana, en un seminario del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Ipcva) se presentaron los resultados de una investigación de técnicos y científicos argentinos y se analizaron los diferentes factores que influyen hoy sobre la sostenibilidad. “La ganadería argentina contribuye solo en un 0,15% a los gases de efecto invernadero de todo el mundo, dijo el presidente del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), Juan José Grigera Naón, durante la presentación del relevamiento “Carne argentina, carne sustentable”, un estudio elaborado por 45 científicos con la participación de la Red de Seguridad Alimentaria del Conicet, investigadores de las universidades nacionales, provinciales, el INTA y el INTI.

El documento busca pone en valor la contribución de la ganadería argentina. “Solo dos países son responsables del 50% de esa generación de gases. Esa es la diferencia de la ganadería argentina con respecto de los países que más contaminan a nivel internacional”, señaló.

Para el dirigente, no todos los países tienen las mismas responsabilidades, “sino que las responsabilidades respecto al cambio climático y mitigación de los efectos ambientales tienen que ser proporcional con la contaminación de cada país y no todos por igual”.

Por su parte, Anibal Pordomingo, investigador del INTA Anguil, destacó que hoy los sistemas ganaderos tienden a ser integrados y ser insumo-eficientes.

Según Pordomingo, la plataforma de producción de carne argentina “es un vaso medio lleno, es una oportunidad”, dijo

“De lo que es recría en adelante, hay una plataforma de producción diversa en el país. A su vez con la impronta geográfica, se hacer recría y terminaciones a corral, que hoy es más visible en el imaginario público”, destacó.

“Tenemos en esta plataforma la posibilidad de hacer carnes más livianas o más pesadas, más engrasadas o algo menos engrasadas, sin tener que preocuparnos por los atributos finales de calidad del producto o del otro, porque la ganadería utiliza mucha genética británica y además hay faena de animales jóvenes que están más cerca de los 24 o 27 meses y no en los 30 o 40 meses de edad como en épocas anteriores”, añadió.

“La mejora en la cría tiene un impacto importante en la emisión global de emisiones de carbono, que hoy tanto nos ocupa en nuestros días. Las oportunidades de mejora están en todas las etapas tanto en la recría pastoril como en el engorde de corral. Pero donde hay mayor oportunidad son los procesos pastoriles, de cría”, dijo.

En este contexto, explicó que por unidad de kilo producida, el sistema de cría es el más lento, el menos eficiente. “Ahí tenemos posibilidades de mejora de un 40 o un 50% o más. Entonces, la cría puede pasar de un 60% de destete a un 85%. No deja de ser la cría el componente mayoritario en la emisión, pero el número puede cambiar sustancialmente. Lo mismo es lo del aumento de peso en la etapa de recría con todos esos componentes pastoriles altos”, indicó.

Por último, destacó que la ganadería en la actualidad no está viendo la ganancia solo en kilos de carne, sino en kilos de carbono o materia orgánica final.

“Hay un rol ecosistémico importante y otra contribución que hoy no es indiferente al diseño de sistemas ganaderos. Probablemente veamos una ganadería requerida más allá de la carne, para regular ambientes. Es muy difícil inventar máquinas que exploren ambientes complejos, retiren biomasa en forma autónoma, no existen esos robots todavía. Si existen las vacas”, describió.

“Es una ganadería que puede ser súper eficiente, que tiene esas habilidades para adaptarse a los mercados y los sistemas y que puede ofrecer servicios sin tener que olvidarse de la integralidad”, cerró.

En tanto, Ernesto Viglizzo, investigador del Conicet, desmitificó el “relato” de que las emisiones agropecuarias argentinas a nivel mundial son altas. “Tenemos una emisión total de gases en el país menor al 0,6%. De los cuales el 0,22% los emite el sector rural y de ahí el 0,12 el sector ganadero. Si vamos a la ganadería vacuna, esa emisión no supera el 0,10%. O sea que el impacto que puede tener la ganadería vacuna en las emisiones globales no llegan al 0,1%; es una cifra totalmente insignificante”, afirmó.

Para Viglizzo, más allá de todos estos “relatos”, hay un mega desafío “que es que la atmósfera se está calentando, que el planeta está comprometido y que es necesario diseñar sistema carbono neto cero”.

En este contexto, el investigador dijo que es importante buscar en la producción de carne vacuna opciones para alcanzar lo que se denomina carbono cero neto, porque existen “unas amenazas visibles al negocio ganadero bovino”.

Mercados

A su turno, Mario Ravettino, presidente del Consorcio Exportadores de Carnes ABC y vicepresidentes del Ipcva, señaló que “la sustentabilidad en el mundo actual ha cobrado una significativa importancia de la cual la Argentina no puede quedar al margen”.

Para Ravettino, los países importadores de alimentos y de carne bovina en general consideran de fundamental importancia para los tiempos venideros el análisis, concientización y aplicación de la sustentabilidad en el mundo.

“Los clientes del mundo entero lo requieren para darle mayor seguridad alimentaria y sanidad a los productos que consumen”, sostuvo.

En tanto, para el investigador y docente Roberto Bisang es necesario “una institucionalidad para instalar el tema del efecto invernadero en base a criterios científicos, evaluar los cambios propios asociados por las evoluciones biológicas, coordinar el impacto global con la ejecución local”.

En ese contexto, señaló que tanto la Argentina como sus competidores en términos cárnicos, “han decidido implementar medidas de mitigación y de reducción del impacto de determinadas prácticas sobre el efecto de cambio climático global”.

Por último, sostuvo que en China, que empezó a dinamizar el mercado mundial de carnes, los compradores masivos empiezan a pensar en el concepto de salud pública. “Un conjunto de informes hablan sobre los cuidados, no solo en el proceso de producción, sino también que se puede transmitir a través no solo del producto en sí, sino en la manipulación hasta que llega a Shanghai o donde fuera el producto. Ahí tenemos una luz amarilla dando vueltas”, alertó.

Campo – La Nación – Mariana Reinke y Pilar Vazquez