SUPLEMENTOS RURALES

Manejo inteligente. Porcinocultura de precisión: la eficiencia y la inversión, claves para la expansión

La producción porcina nacional ha estado atravesando momentos difíciles en los últimos tres años producto de diferentes factores externos e internos, que llevaron la rentabilidad del negocio a valores mínimos o negativos, especialmente para los pequeños y medianos productores que representan casi el 90% de los criadores de cerdos, con planteles de entre 30 a 500 madres. La pandemia y la cuarentena, que redujeron sustancialmente el consumo de carne de cerdo durante 2020 y 2021; la sequía de dos campañas consecutivas que afectó al maíz y a la soja, principales componentes de la alimentación de las piaras; y la invasión de Rusia a Ucrania, que derivó en un aumento de los precios tanto de la energía como de los granos, golpearon a la producción porcina.

“El incremento de los costos ha tenido un fuerte impacto en los sistemas productivos hasta el primer semestre de 2022 pero no fue acompañado por una suba similar de los valores pagados al productor”, explicó el médico veterinario Jorge Brunori de INTA Marcos Juárez, coordinador del Proyecto de Producción Porcina a nivel nacional.

“En el primer semestre los criaderos más eficientes tuvieron un margen del 2% al 4% y los que no son de excelencia tuvieron resultados negativos debido a que el precio se planchó desde octubre de 2021 hasta abril, los costos subieron y la inflación se disparó; nuestra rentabilidad se pulverizó”, dijo Adolfo Franke, presidente de la Asociación Argentina de Productores Porcinos (AAPP). A partir de julio comenzó a aumentar el precio del cerdo “haciendo que se recupere la rentabilidad a cifras de entre un 15% a 18% en los establecimientos que hacen un buen manejo”, agregó.

Como consecuencia, se produjo “una disminución de un 3% de establecimientos de 2020 a 2021, fundamentalmente en el estrato de pequeña y mediana escala”, indicó Brunori. “El Senasa habla de una disminución del 9% desde marzo de 2020 a igual mes de 2022”, señaló.

Una buena

A pesar de esta rentabilidad tan ajustada, la producción y la faena de cerdo en Argentina siguen creciendo. “Del 2020 al 2021, los dos aumentaron un 6%. Y en el primer semestre de este año el crecimiento fue casi del 1%. Mientras que el consumo interno, el principal impulsor del desarrollo del sector durante los últimos veinte años, aumentó el 2,2% de 2020 a 2021”, detalló Brunori.

En los primeros seis meses de este año, el consumo de carne de cerdo trepó un 10%. “Es sorprendente en un país como este, y cuando paralelamente el aumento del consumo de vaca y de pollo ronda el 1%”, remarcó el veterinario.

“El mercado está funcionando, la demanda está tomando, sobre todo la industrial pero estamos en un país con una economía bastante complicada. No hay plata en la calle, los consumidores no tienen fácil acceso a un producto como la carne y como el cerdo es competitivo, de alguna forma hemos capturado consumo que ha venido creciendo año tras año”, señaló Franke.

El gran desafío del sector es cómo compensar el aumento de los costos con un aumento del precio del capón sin perder competitividad para que el consumidor siga eligiendo la carne de cerdo, ya que el 98% de la producción se destina al mercado interno.

¿Cómo expandirse?

Las importaciones de carne de cerdo barata de Brasil crecieron un 86% en 2021 y más del 60% en los primeros seis meses de 2022. Por otro lado, las exportaciones cayeron casi el 30% en 2021 y casi el 90% en lo que va de 2022. “Esto se debe a cuestiones macroeconómicas, fundamentalmente al precio del dólar que está atrasado, es muy poco competitivo para exportar y muy competitivo para la industria que puede importar carne de cerdo más barata. A esto se suma una situación de mercado interno complicado”, describió Brunori.

De acuerdo con el técnico, para crecer y mantener el consumo local “hay que ir hacia una porcinocultura de precisión, eso incluye bajar los costos de producción, tanto los operativos como los fijos, al mínimo de acuerdo con las instalaciones y la capacidad de cada productor, trabajando en todos los detalles de la granja para aumentar la eficiencia y lograr la mayor cantidad de kilos posible”.

Para Brunori, hay tres factores fundamentales a la hora de pasar a una porcinocultura de precisión y ser sostenibles: eficiencia, escala y gestión.

“La eficiencia integral del sistema significa lograr la mayor cantidad de kilos por madre por año a través, esencialmente, de las tecnologías de procesos basadas en la gestión que permitan logar la máxima productividad con las instalaciones disponibles”, explicó. “La visión empresarial es fundamental, dedicarle mucho tiempo a gestionar la granja, a ver números, a corregir errores, participar en capacitaciones”, enumeró el especialista.

Para los pequeños o medianos productores, recomendó buscar la escala, algo que se puede hacer por inversión y crecimiento de la granja o por procesos asociativos. De esa manera, podrían comprar insumos más baratos y posicionarse de mejor manera en el mercado a la hora de vender un capón.

En la actualidad, la brecha productiva es grande. De acuerdo con Brunori, “los productores de entre 30 a 100 madres deberían rondar al menos entre los 1.500 y 2.000 kilos de producción de carne por madre al año, y los de 100 a 500 madres deberían apuntar a los 2.000 a 2.400 kilos o más”, pero en gran parte de los casos, están lejos de eso. En la otra punta, las grandes empresas hoy están produciendo anualmente más de 3.000 kilos por madre y en algunos casos hasta 4.000 kilos.

Para Franke, existen algunos puntos que operan en contra del crecimiento del sector, entre ellos, las retenciones de 5% a las exportaciones. “Algunos dicen que es poco pero para un negocio con una rentabilidad de entre el 10% y el 15%, que te saquen un 5% de la venta significa un golpe muy fuerte a la rentabilidad”, expresó. "Hoy se podrían sacar ya que no tienen ningún costo fiscal y para el sector sería un estímulo para mirar hacia adelante”, opinó.

Además, contó que al Consorcio de Exportación aún le deben US$ 800.000 de reintegros y de IVA desde 2017. “A mí, como socio del Consorcio, nunca me han devuelto el IVA de las exportaciones”, contó.

Hay futuro

“La prospectiva del cerdo es muy buena, probablemente una de las cadenas agroindustriales que mayor probabilidad de crecimiento tenga. Un trabajo de FADA estableció que el 2030 nos puede encontrar con un consumo interno de 24 a 25 kilos de carne por habitante al año”, aseguró Brunori. Y consideró que el desafío es también seguir creciendo en las exportaciones: “Veníamos creciendo a un 30% anual hasta 2021 cuando se vendieron 30.000 toneladas. Podríamos pensar en llegar a las 500.000 o 600.000 toneladas exportadas para 2030”, dijo.

Según el especialista las dos metas son posibles de cumplir. “Podríamos hablar de más de 2 toneladas producidas en 2030, hoy estamos en 700.000 toneladas, eso significa que podemos crecer tres veces en producción, duplicando el número de madres y de empleos, haciendo una inversión de US$ 1500 a US$ 1800 millones en los próximos diez años", puntualizó Brunori.

“Es todo un desafío pero es posible, desde el punto de vista tecnológico y agroecológico las condiciones están dadas, hay que ver cómo evolucionan los factores marcoeconómicos que son fundamentales para el crecimiento sostenible”, remarcó Brunori.

Rural – Clarín – Kitty Vaquero