Más que una moda, el bienestar animal puede representar una oportunidad
Por Mette Bouman.
La semana pasada nos juntamos con los productores de varios tambos para hablar del bienestar animal. La gente de campo suele ser muy observadora y muchas veces los participantes aportan saberes que enriquecen a todo el grupo, incluyendo los docentes. Conocen a sus vacas y saben lo que les gusta, y lo que no. Charlando del frío del día, y lo bien que les hace sentir a las vacas tener temperaturas moderadas y no calurosas, pregunté: “¿Cuál es la diferencia entre una vaca y un humano?” Esperaba que me dijeran: “La vaca no puede sudar tan bien como nosotros”, pero no. Una señora levantó la mano y dijo: “Ellas dependen de nosotros”.
Tocó el corazón del bienestar animal. Ellas dependen de nosotros. Y esta señora lo tenía clarísimo, porque lo vive todos los días. El bienestar de los animales está íntimamente relacionado con el bienestar humano. Todos los que trabajamos en el campo conocemos la profunda sensación de bienestar y orgullo cuando las vacas y terneras están bien: lindas, brillosas y contentas. Porque las cuidamos.
Si las vacas se sienten bien, el tambero puede desarrollar sus tareas de forma ordenada y tranquila, disfrutando de la interacción con estos seres vivos plácidos y entrañables. De lo contrario, vacas estresadas son un gran problema. En algunas cosas se parecen a los humanos: el estrés baja la inmunidad y aumenta la probabilidad de enfermedad. A ningún tambero le gusta ver a sus vacas enfermas. Al igual que el humano, la vaca se pone tensa en una situación de estrés. Una vaca tensa es una vaca peligrosa: puede patear o saltar de golpe y lastimar al trabajador o a sí misma.
Muchos tamberos conocen las señales y tratan de mantener la tranquilidad en el rodeo para su propia seguridad y confort.
En otras cosas, el estrés de la vaca es bien específico. Por ejemplo, en la primera reacción a un susto: los esfínteres se aflojan enseguida, generando un problema para el trabajador; tiene que limpiar lo que salió. Y finalmente, cualquier ordeñador sabe que una vaca estresada “esconde” la leche. La vaca tiene que estar relajada para entregar la leche. En ese caso, la hormona oxitocina (la misma que interviene en el parto y el amamantamiento de las mujeres) hace contraer pequeños músculos en la ubre y la vaca puede descargar su producción. Observando las vacas que se están ordeñando, parece que la oxitocina les genera una sensación muy parecida a lo que pasa en las mujeres: bienestar, en paz con el ambiente.
Entonces, ¿las exigencias legales con respecto al bienestar son una moda? Creo que estamos ante una enorme oportunidad. Si bien la lechería en estas latitudes del mundo está muy lejos de las prácticas de la producción intensiva que dispararon en forma masiva la indignación de los consumidores (el libro de Ruth Harrison Animales como máquinas, de 1964), una minuciosa atención a los cinco pilares del bienestar moderno que se formularon en respuesta a este clamor es muy positiva para vacas y humanos.
El bienestar animal es un concepto amplio que se centra en analizar y proteger tanto el estado físico como emocional de los animales. Estos aspectos varían de acuerdo con el entorno en donde el animal se desarrolla a lo largo de su vida. Los pilares del bienestar moderno, las llamadas Cinco Libertades, son:
- Vacas libres de hambre y sed
- Vacas libres de incomodidad física
- Vacas libres de dolor y enfermedad
- Vacas libres de miedo y ansiedad
- Vacas libres para expresar su comportamiento natural
No es necesario saber mucho del campo para darse cuenta de que animales bien alimentados, cómodos, sanos y confiados pueden expresar su potencial genético, a su vez de ser animales tranquilos y seguros de manejar.
Las vacas bien cuidadas dan la mejor leche. Detrás de la leche obtenida bajo prácticas de bienestar animal existen numerosos beneficios que aportan no sólo a la calidad de la leche, sino también a la sustentabilidad de nuestra actividad.
Los tamberos están cada vez más atentos por saber cómo mejorar las condiciones para las vacas. La investigación aporta datos “duros” a las observaciones de campo, ya que la percepción humana de lo que es bueno para vacas no siempre coincide con lo que ellas mismas eligen. Es un campo en constante evolución. Porque las vacas dependen de nosotros.●
Detrás de la leche obtenida bajo la adopción de prácticas de bienestar animal existen numerosos beneficios
La autora es médica veterinaria, asesora en procesos de ordeño y prevención de mastitis
Campo – La Nación