El organismo señala que la parálisis en dos de los tres segmentos “afecta gravemente” a las zonas productivas aledañas y “condena a numerosos productores a estar tapados por el agua en ese cuello de botella”. Aseguran que la obra solo tendrá impacto real cuando los tres frentes estén abiertos al mismo tiempo, permitiendo acelerar el dragado y restablecer la continuidad hidráulica.
Para intentar destrabar la situación, el Consejo Asesor mantiene reuniones con la Subsecretaría de Recursos Hídricos, que depende del Ministerio de Economía. En diálogo con LA NACION, Larrañaga detalló que en esos encuentros plantearon la necesidad de reactivar los tres subtramos del IV.2 en simultáneo y resolver la falta de pagos a las contratistas. Según señaló, “todavía no hubo definiciones concretas” y, mientras esperan una respuesta oficial, se analizan otras acciones, entre ellas el posible regreso al reclamo itinerante por localidades de la cuenca y medidas gremiales de cada entidad.
Otro de los puntos que denuncian es la “falta de transparencia” en el manejo del Fideicomiso de Infraestructura Hídrica (Fondo Hídrico Nacional). Larrañaga explica que reclaman una página oficial con información pública y actualizada. Según sus cálculos, el fondo acumula más de 190.000 millones de pesos, recursos que, afirma, permanecen inmovilizados mientras las empresas contratistas arrastran deudas impagas que representan “menos del 20%” de ese monto. “Esto no resiste el menor análisis, es inexplicable e inaceptable”, sostuvo. También recordó que estos fondos provienen de un gravamen específico sobre los combustibles: “La prevención o mitigación de inundaciones fortalece el equilibrio fiscal”, señaló.
Aunque el tramo IV.2 había sido declarado prioritario en 2024, luego sufrió ralentizaciones y neutralizaciones por falta de pago. El anuncio de reactivación de hace dos meses generó expectativa, pero el Consejo asegura que la situación actual está muy lejos de lo prometido.
Ignacio Iturriaga, productor de la zona y con su campo justo sobre uno de los tramos que siguen sin dragar, coincide con lo que plantea el Consejo Asesor: “Sigue todo exactamente igual”. Dice que la reactivación parcial no cambia nada porque el sector donde se retomaron los trabajos “es el que menos ayuda a evacuar el agua”, ya que no toca la salida del puente 205, que es el punto clave. Y marca que el avance es mínimo. “Había una draga trabajando; me parece que ahora son dos, pero no cambia mucho”, advierte.
Cuenta que, más allá de los 32 km que figuran en los papeles, la parte realmente crítica es bastante más chica. En su campo le quedan “2000 y pico” metros sin dragar y calcula que, aguas abajo, faltan entre cinco y siete kilómetros más, un tramo que —dice— es el que realmente destrabaría la salida del agua. Según relata, la obra está totalmente frenada y todas las semanas recibe la misma respuesta de los técnicos y operarios de las dragas: “Hasta que no paguen, no arrancamos”, cuenta.
La Nación – Pilar Vazquez


