En ese sentido, explicó que hoy pueden intercambiar ciertos materiales entre Estados Unidos y la Argentina, pero que una protección más firme permitiría acelerar ese flujo y avanzar con productos más específicos: “Nos abocaríamos a un desarrollo más específico de materiales cuya propiedad intelectual pueda estar bien protegida”.
El país continúa regulándose bajo la ley de semillas 20.247, de 1973, y UPOV 78, un esquema que ofrece una protección limitada para la biotecnología moderna. Ese escenario contrasta con mercados como Brasil o Estados Unidos y explica por qué muchas variedades avanzadas tardan en llegar o directamente no ingresan. Para compensar estas brechas surgieron mecanismos privados como Sembrá Evolución —del cual Stine forma parte—, pero que no reemplazan un sistema público robusto.
En su análisis, un cambio regulatorio podría abrir la puerta a un flujo mayor de innovación. “Lo más importante que podríamos hacer es mejorar la genética con un mayor rendimiento todavía”, afirmó. Aclaró que ya existen materiales desarrollados afuera y otros en proceso local, pero todos requieren garantías para avanzar. “Hoy hay algo de protección y eso es bueno, pero hay otras reglas que, en el momento en que sean efectivas, podrían promover aún más el negocio, el desarrollo de híbridos y la mejora del rendimiento”, apuntó.
Stine también destacó las fortalezas del agro argentino: productores profesionales, asesores exigentes, ambientes competitivos y una red comercial que considera sólida. En ese sentido, señaló que para él “la Argentina y Estados Unidos son muy parecidos” y que encuentra “muchas analogías entre los productores argentinos, brasileños y americanos”.
En lo referido al desempeño interno de la filial, el ejecutivo sostuvo que en estos años observó un avance notorio, que —según dijo— se traducirá en más innovación y una oferta creciente para los productores. “Tanto el equipo de ventas como el de investigación están hoy mucho más maduros y preparados para enfrentar el mercado local. Hay productos que se vienen”, señaló. En ese sentido, insistió en que todos esos desarrollos están orientados a “otorgar mayor rendimiento y mayor rentabilidad al productor”, dijo.
En paralelo, Stine remarcó que su visita coincidió con un momento de mayor acercamiento entre Washington y Buenos Aires en materia agrícola, algo que —consideró— puede mejorar el intercambio tecnológico y dar más previsibilidad a las inversiones.
Dijo que ese proceso “va a ser muy bueno para los dos países” y que abre una oportunidad para avanzar en reglas más claras que faciliten el comercio y reduzcan trabas. En ese marco, sostuvo que “las decisiones que se tomen hoy pueden marcar la diferencia en la competitividad del mañana” y que un acuerdo bilateral podría incluir garantías explícitas para proteger la propiedad intelectual, clave —según afirmó— para acelerar la llegada de nuevas tecnologías. “Cuando hay reglas claras y respeto por la innovación, el productor accede a mejores herramientas y el sistema entero se fortalece”, indicó.
En esta visita, Stine también analizó el momento que vive el agro argentino. Según evaluó, “el productor argentino está ante una gran oportunidad para aprovechar los avances en genética y manejo”, especialmente en un escenario que, a su juicio, empieza a mostrar signos de mayor previsibilidad macroeconómica y un ciclo climático más favorable. Destacó el trabajo de los productores y asesores durante los encuentros en Venado Tuerto, donde, según dijo, volvió a ver la “capacidad de adaptación y resiliencia” que caracteriza al productor local.
La Nación – Pilar Vazquez


